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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Este es un mensaje a aquellos que apoyaron a Barack Obama porque están horrorizados y enfurecidos por el rumbo que esta sociedad ha tomado en los últimos ocho años. A aquellos que cifraron sus deseos profundamente sentidos del cambio en la expectativa de que Obama llevara la sociedad en una dirección diferente.
Revolución ha presentado el argumento de por qué tales expectativas son ilusorias y mal planteadas, por qué la dirección en que Barack Obama llevará la sociedad se opone diametralmente a la dirección en que tú quieres ir y por qué apoyar a Obama es perjudicial. Pero, no podemos sino decirles una vez más a aquellos que saben que el sistema está podrido: la lógica de apoyar a Obama se reduce a decir que si no podemos deshacerse de este sistema ahora, tenemos que fortalecer ese sistema destinando recursos a elegir y/o trabajando por elegir a alguien que ni siquiera aparenta que va a trabajar por traer un cambio real de la naturaleza de ese sistema.
Y si no crees que necesitemos una revolución, pues necesitas explicar cómo votar por Obama va a resolver las cosas que sí te importan. ¿Cómo, al interior de los confines y el marco de este sistema, es posible que Obama empiece a solucionar todos los horrores que vive la humanidad hoy, desde el calentamiento global a la crisis alimentaria y la despiadada discriminación en esta sociedad?
Pero no obstante todo eso, nos encontramos aquí. Al cierre de esta edición, no está decidido el resultado de estas elecciones y este es impredecible. No solo se trata de cómo cuenten los votos, sino de si siquiera los contarán. Pero, no obstante el resultado, cuando se levante la sesión, se planteará la siguiente pregunta para todos aquellos que tienen un genuino deseo de ver los cambios que necesitan con tanta urgencia los habitantes del mundo:
¿Y ahora qué harás tú?
¿Lucharás por los cambios de la sociedad y su rumbo —y del papel que juega Estados Unidos en el mundo— los que a ti mismo te importan profundamente? Y, si votaste por Obama, ¿lucharás por las cosas las que te hicieron cifrar tus expectativas de cambio en Obama?
Si Obama sale elegido, muchas personas tratarán de “esperar a ver” lo que pase.
Pero ¿por qué tiempo esperarás y cuánto tendrás que ver? ¿Qué te parecerá intolerable? ¿Cómo es esa raya que no cruzarás? ¿En qué momento te pondrás en pie y resistirás?
• Cuando Obama te dice que hay que escalar la guerra de Afganistán (y todo el terror, sufrimiento y matanza que eso implicará para la población de Afganistán) porque es “la buena guerra” y el frente clave de la “guerra contra el terror”, ¿lo aceptarás como borrego, o resistirás? ¿Tendrás suficiente sentido y criterio como para recordar que a cada paso del camino aquellos que dominan mentían, y que esta es una guerra ilimitada por imperio? Y cuando de manera aún más agresiva él “persigue a los terroristas en Pakistán” (léase: aumenta las redadas contra la población de Pakistán), ¿te pondrás en pie y resistirás? Si Obama atacara a Irán, tal como ha dejado en muy claro que está dispuesto a hacer, ¿qué harás? En una palabra, ¿cuánta matanza en defensa de imperio tolerarás de parte de Obama?
• Cuando Obama te dice que aquellos que están perdiendo sus hogares solamente tienen que hacer lo que puedan y confiar en sus dirigentes, ¿aceptarás eso, o resistirás?
• Cuando Obama inyecta dineros en las organizaciones basadas en la fe y les da el control sobre los servicios sociales que reciban fondos — de modo que empotre la religión aún más profundamente en todas las esferas de la sociedad, ¿aceptarás eso, o resistirás?
• Cuando Obama declara fuera de lugar oponerse a todas las formas crueles e injustas de opresión del pueblo negro, y propone “entender” la reaccionaria oposición racista de algunos blancos a la acción afirmativa, ¿dirás que esto es meramente algo que Obama tiene que decir para poder llevársela? Cuando Obama le echa la culpa al pueblo negro por una situación que es un producto de una larga historia y la realidad de hoy de su opresión como pueblo, de modo que justifique la criminalización de una generación de jóvenes negros, tal como hizo en su infame “discurso del Día de los Padres” de este año, ¿lo disculparás, o para colmo, lo aceptarás, o lo refutarás y te le opondrás resistencia? Y cuando otras personas dicen que Obama es prueba de que se ha superado el racismo —mientras que, a su vez, casi un millón de negros languidecen en las cárceles—, ¿te encogerás los hombros y lo aceptarás, o denunciarás esas retrógradas porquerías por lo que son?
• Cuando Obama dice que “todos aceptamos que el aborto es terrible” y cede una y otra vez ante los ataques al aborto y al control de la natalidad, a nombre de superar las diferencias, ¿qué posición tendrás? ¿Aceptar esto como la nueva realidad? ¿O decir “NI POR EL DIABLO”?
• Cuando Obama mantiene y para colmo intensifica la represión de los inmigrantes y justifica de manera despreocupada la separación de familias y la humillación, maltrato y satanización de estas personas, ¿qué harás?
Y consideren lo siguiente: McCain podría salir elegido, de la misma forma en que Bush “ganó” en las elecciones. ¿Qué indicaría eso? Meramente que es posible azuzar a un sector social en torno a los valores tradicionales de los “pequeños pueblos” norteamericanos de ignorancia, intolerancia, supremacía blanca y patriotismo — y que negarse a cuestionar todo esto, directamente, solamente envalentonará a estos elementos fascistas. Y puede que de nuevo demuestre que es posible manipular y robar las elecciones. Pero ¿y entonces qué? Sabías que el juego estaba trucado cuando le entraste al juego. Por tanto, no se vale encerrarte en el cinismo y la desesperanza meramente porque te hicieron trampa. En tal caso, ¿dejarás que gobiernen los fascistas abiertos sin oposición? ¿O te pondrás en pie y te unirás con otras personas para resistir la cruzada que él desatará, por ejemplo, yendo a la calle en resistencia política de masas si de alguna manera ellos efectivamente vuelven a robar las elecciones?
No obstante quien entre a la Casa Blanca después de estas elecciones, tomará el volante de un sistema entero y en particular de un sistema cuya trayectoria la ha definido el régimen de Bush con sus ambiciones mundiales — y la manera en que ha luchado por rehacer la sociedad entera de una forma fascista. Y no obstante quien entre a la Casa Blanca, lo hará en un momento en que hay enormes trastornos y dislocación a medida que la crisis financiera vaya desestabilizando la economía mundial — con la perspectiva de cosas mucho peores por venir. El futuro de millones de personas pende de un hilo.
No obstante el resultado de estas elecciones, habrá “cambios” profundos. Este tumulto podría llevar a un salto en la reorganización de la sociedad de una forma fascista. Pero a su vez, si crecieran un movimiento revolucionario y una cultura de resistencia, eso podría generar nuevas oportunidades y establecer términos nuevos… y se podría realinear dramáticamente la correlación de fuerzas en la sociedad.
El llamamiento de El Mundo No Puede Esperar sigue siendo cierto: EL FUTURO NO ESTÁ ESCRITO. EL FUTURO QUE NOS TOQUE DEPENDE DE NOSOTROS. Habrá tormentas. Puedes quedarte sentado y dejar que llueve sobre la población, en este país y en todo el mundo, o puedes hacer algo para arrebatarle un futuro completamente nuevo.
Muchas personas están apoyando a Obama porque consideran que él constituye lo único que queda entre sí mismos y la imposición de una agenda republicana cada vez más fascista. Pero los demócratas, y específicamente Obama, no van a ponerse en pie, criticar fuertemente y oponerse a lo que está pasando. En reiteradas ocasiones nos han dicho esto — y lo han demostrado mediante sus acciones. Aun cuando los mítines de McCain y Palin se ponían más feos y más amenazadores en las semanas antes de las elecciones, Obama siguió llamando a la “conciliación” y a “superar las diferencias”. Y que quede claro: desatar este movimiento populista derechista de pensamiento mezquino no es meramente una táctica de campaña. No solo es feo; es peligroso. Cuando propagan el fantasma de Obama como el Anticristo de la forma en que se ha hecho en esta campaña, es solamente una ominosa señal de que las fuerzas fascistas cristianas están en marcha — y están movilizando y solidificando su base en plan de luchar por que sus reaccionarios programas e ideas gobiernen la sociedad.
¿Por qué? Porque en estos tiempos tumultuosos, el mensaje y el papel de Obama es atraer a la población “al redil”. Obama se ha ganado mucho apoyo de la clase dominante —y que no quede duda alguna, él no estaría a la cabeza de las encuestas y no estaría recibiendo las mayores donaciones si no tuviera un enorme apoyo de la clase dominante— porque esta considera que él tiene el mejor programa para hacer que la población de Estados Unidos permanezca quieta y aguante a la espera del infierno que está a punto de tener que padecer. Y la clase dominante también cree que él es la mejor persona para convencer a los habitantes del mundo del sanguinario programa de agresión y asesinato que necesita para poder continuar a través del mundo. Es un “rostro nuevo”. Pero estos gobernantes también aceptan que los fascistas cristianos a los que ahora les cae la baba ante Sarah Palin tienen que formar parte del terreno y que no se debe criticarlos por lo que en realidad son. Por ende, cabe que en respuesta a todos los ataques de estas tenebrosas fuerzas del oscurantismo, teocracia que esclaviza a las mujeres, racismo y chovinismo de “Estados Unidos #1”, Obama ha predicado la acomodación y la claudicación. Y si él ganara la presidencia, eso no cambiaría. Eso se debe a que movilizar a las masas a luchar en oposición a la actual agenda de los gobernantes conlleva el potencial de desencadenar a las masas de una forma que podría llevar al mayor desenmarañamiento de una situación la que la clase dominante se está afanando con desesperación por mantener intacta. Y llamar a las masas a entrarle podría contribuir a que surja desde abajo un desafió radical a todo este tinglado.
Pero aunque Obama no quiere y no mandará gestar un movimiento de masas desde abajo que se oponga a toda la reacción y las injusticias, y de hecho, tal como muchos partidarios suyos pronto descubrirán muy a su pesar, él utilizará la maquinaria del estado contra cualquier movimiento semejante — ese movimiento es exactamente lo que se necesita que ocurra.
¿Serán estos unos tiempos de gran cambio? ¿Cómo podría ser de otra en vista de lo que está pasando en el mundo? Pero se plantea la siguiente pregunta: ¿qué clase de cambio y en beneficio de los intereses de quién? Los gobernantes de este país no van a quedarse de brazos cruzados y observar mientras que se venga a pedazos este sistema. Ante las poderosas fuerzas centrífugas que están rasgando el tejido de la sociedad — los gobernantes tratarán de superar a martillazos y garrotazos esta crisis. Y si lo logran, lo harán partiendo de una intensificación mucho mayor y atroz del sufrimiento y explotación del pueblo. Pero este resultado no es inevitable.
Estos tiempos muy gruesos también conllevan el potencial de cambios radicales y dramáticos y de una crisis aún más profunda que podrían presentar la posibilidad para un cambio revolucionario… y tenemos que estar preparándonos para tales momentos.
A aquellos que preguntan, “pero hasta que llegue la revolución, ¿qué podemos hacer nosotros?”, la respuesta es que ahora mismo es el mero momento para construir un movimiento revolucionario. Solamente es posible hacer las revoluciones cuando esté maduro el momento, pero en un sentido real, “se hacen” las revoluciones a lo largo del camino. Nuestro partido está en la sociedad y estará ahí, propagando la revolución y construyendo la resistencia. Nuestro partido está en el mundo y estará ahí, trabajando por gestar un pueblo revolucionario a lo largo de todos los vaivenes, curvas y giros de esta lucha de modo que la situación se desarrolle al grado en que cuando la revolución tenga un verdadero chance, la gente estará lista para aprehender el momento.
Y cuando te des cuenta de que te han embaucado… cuando ya estés harto o harta y te decidas a luchar por el cambio que necesita el mundo, y no por el cambio que nos dicen que tenemos que aceptar… cuando te decidas que ya es hora de ponerte en pie, activarte y resistir — únete con nuestro partido para trabajar por el cambio que importa de verdad.
“Para decirlo en una oración: las elecciones son controladas por la burguesía; no son de ningún modo el medio por el cual se toman las decisiones básicas; y se efectúan con el propósito primario de legitimar el sistema, la política y las acciones de la clase dominante —dándoles la fachada de un mandato popular— y de canalizar, confinar y controlar la actividad política de las masas populares”. Bob Avakian, Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? |
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Imagínese una plantación esclavista, en que el amo sea tan astuto que deja que voten los esclavos, cada tantos años, sobre quién será Capataz, quién administrará, regulará e impondrá la explotación, la brutalidad y la humillación a las cuales los esclavos están sometidos, Imagínese que alguien sostenga que es importante dejarse llevar por las elecciones —pues, después de todo, “Alguien va a ser Capataz”— en lugar de canalizar la atención y las energías de la población a levantarse para zafarse de la plantación esclavista y ¡por fin ponerle fin al sistema entero de esclavitud!
O, imagínese una cárcel llena de miles y miles de personas que han estado metidas a la cárcel injustamente, en que de nuevo la administración carcelaria sea tan astuta como para permitir que voten cada tantos años sobre quién será Alcalde los internos que han estado metidos ahí por causas injustas. Imagínese que alguien sostenga que es importante participar en estas elecciones —por que, después de todo, “Alguien será Alcalde”— en lugar de canalizar la atención y las energías de la población ¡a ponerle fin a este encarcelamiento injusto y a barrer el sistema entero que perpetúa constantemente todas esas injusticias!
De nuevo: PARA REFLEXIONAR.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Carta de un lector:
22/X/2008
Estimado Revolución:
El artículo de la portada del último número, “El día después de las elecciones… y el cambio que de veras necesitamos… ¿Y ahora qué harás tú?”, es muy bueno, pues presenta un reto: ¿Qué HARÁ el pueblo ante la continuación y la escalada de muchas cosas que le preocupan profundamente, en particular el que la población se haya dejado conducir a votar por Barack Obama. El artículo analiza las elecciones en el contexto general y de lo mucho que está en juego en estos tiempos y habla de qué es la verdadera solución. Además, habla de otros posibles desenlaces aparte de un triunfo de Obama y lo peligroso que es que los reaccionarios estén tachando a Obama de anticristo; la posibilidad del robo de las elecciones, etc. Tiene gran importancia ideológica debatir estos temas con el pueblo.
En segundo lugar, quisiera hablar de cuán orientados y preparados estén aquellos que leen el periódico Revolución de manera constante, para la variedad de posibles desenlaces de estas elecciones (no solo suponer que el desenlace más posible sea el único a que tomar en cuenta). En particular, es importante considerar lo que podría ocurrir si de una manera u otra (percibida o real) se le robaran las elecciones a Obama y qué podría generar tal desenlace, específicamente qué indignación podría generar, la que estaría muy justificada aunque en gran parte tuviera su origen en la convicción de que se hubiera ocurrido una traición de los ideales y reglas de la democracia burguesa. Desde luego podemos unirse con tal indignación, pero a su vez es necesario analizar POR QUÉ tales fenómenos siguen ocurriendo, por qué estos fascistas se muestran tan agresivos y POR QUÉ se necesita un programa diferente para solucionar los grandes problemas subyacentes que siguen imponiéndose de muchas formas agudas. Es muy posible que tal resultado electoral pudiera conducir a una crisis constitucional e incluso una posible crisis de legitimidad. Además, incidiría la opresión nacional en tal situación, de manera semejante pero más gruesa que la manera en que “se moldearon” los resultados de la votación en las últimas dos elecciones privando del derecho del voto a los negros. Vi a Chris Rock en la televisión, donde hablaba de la posibilidad de un “cambio de las reglas” para impedir que Obama ganara e insinuaba que eso podría provocar indignación en la base del Partido Demócrata, especial (pero no exclusivamente) en el seno de las masas negras, por ejemplo entre aquellos que no consideran que Obama sea LA respuesta fundamental a la opresión del pueblo negro.
Como comunistas tenemos que estar orientando y preparando al pueblo para responder a todo el ámbito de posibles desenlaces de las elecciones. Ahora mismo la amplia difusión del número especial “La opresión del pueblo negro, los crímenes de este sistema y la revolución que necesitamos”, el nuevo folleto de Bob Avakian, “El comunismo y la democracia jeffersoniana” (en inglés) y el número actual del periódico, y las demás formas en que se está construyendo un movimiento revolucionario afectarán muchísimo la manera en que el pueblo analizará estos asuntos y cómo responderá a lo que pasa de manera esperada o inesperada. Esa es la orientación fundamental y clave.
Sobre esa base, tenemos que estar atentos a varios fenómenos, entre ellos lo inesperado y lo que se podría generar en varios sectores del pueblo y tenemos que estar preparados y tener la capacidad de dirigirnos a mucha gente. La situación se ha polarizado mucho en torno a las elecciones. Parece que en las bases del Partido Demócrata se han combinado las expectativas elevadas con inquietudes acerca de qué cambios concretos podría traer un triunfo de Obama dada la enormidad de los problemas en que los imperialistas han metido el país, por ejemplo, la economía, la guerra de Irak, etc. Y estas mismas personas tienen bastante temor de que se robaran de diversas formas las elecciones. De parte del otro lado, las fuerzas fascistas derechistas están expresando mucha vileza y animosidad. Hace poco recibí una copia de un correo electrónico escrito por un primo que acusa a Obama de ser un marxista empeñado en derrocar al gobierno e instaurar el socialismo, etc. Me parece que es necesario que la orientación de esperar lo inesperado e incluso lo que no se puede anticipar sea parte de nuestros preparativos para responder a la situación.
En Chicago, la campaña de Obama ha reservado el parque Grant (la mayor parte del parque) para una celebración de victoria la noche de las elecciones y espera que asisten cientos de miles de personas. Pienso que debemos sacar en forma de volante el artículo “¿Y ahora qué harás tú?” para su amplia difusión de la mano con enormes cantidades del número especial de Revolución sobre “La opresión del pueblo negro…”. El 4 de noviembre, tenemos que ir con el periódico a importantes comunidades cerca de las casillas. SI se robaran o se percibiera que se robaran las elecciones, es probable que la celebración de victoria podría tener un carácter muy distinto y sería importante tener la orientación de responder a estros sucesos, estar entre las masas y en la escena y seguro no permanecernos ajenos a lo que las masas estarán viviendo. Tenemos que contribuir a dirigirlas, y no lo digo en el sentido táctico, sino en un sentido político e ideológico, pues los revolucionarios y las personas agrupadas alrededor de ellos podrían verse impulsados a luchar contra el robo de las elecciones pero tendrían que hacerlo con la orientación de hacer una revolución y manejar bien las contradicciones y tensiones difíciles. Una forma importante de responder de la manera más potente posible sería que, en la Internet en tiempo real la noche de las elecciones, el periódico Revolución tuviera su propia “central de las elecciones” y la capacidad de lanzar análisis y volantes.
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Después de las elecciones: Varias fuerzas están planeando actividades en las secuelas de las elecciones, posibles denuncias o presiones para afectar la plataforma de Obama así como dar análisis y dirección. Por ejemplo, el 7 de noviembre en Chicago, el Rdo. Jeremiah Wright dará un discurso en la Universidad Northwestern que se está anunciado en varias escuelas como una especie de “Informe sobre el estado de la nación negra”. Y el New York Times Review of Books trae un anuncio de una discusión de panel el 10 de noviembre en la ciudad de Nueva York “¿Qué pasa ahora? Una conversación sobre las elecciones de 2008”. Sería importante aprender en estas actividades cómo otras personas están interpretando los resultados de las elecciones y llevarles una explicación de una verdadera salida, una revolución. De nuevo, sería muy buena idea difundir el número del periódico “La opresión del pueblo negro…”, con volantes y otros materiales.
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Me parece genial una posible actividad para recolectar fondos para el periódico que alguien mencionó. Donde aún queden muchas playeras “Se busca” de Bush, Cheney, Rice y Rumsfeld, llévenlas a las cinéfilos cuando salgan de la película W, pues muchas personas que sale querrán denunciar al régimen de Bush por crímenes de guerra.
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La palabra “S”: el socialismo es una palabra muy sonada debido al paquete de rescate financiero o los ataques contra Obama por socialista de parte de McCain y Palin (quienes en general critican el aumento de impuestos en beneficio de los programas sociales). Esta situación es una gran oportunidad de hablar de lo que ES el socialismo y lo que NO. Se podría imaginar calcomanías en las paredes de los sanitarios en lugares públicos, expendedores de periódicos, paradas de autobús, postes del cableado telefónico… para que el público reflexione. Quizá algo parecido a lo siguiente:
¿QUÉ ES EL SOCIALISMO?
¿Es socialista el paquete de rescate financiero? NO
¿Es socialista Barack Obama? NO
¿Son socialistas Venezuela o la China de hoy? NO
¿QUÉ ES EL SOCIALISMO? Después de que el pueblo revolucionario de millones hiciera la revolución socialista, la clase capitalista imperialista quedaría privada de su propiedad y control sobre la sociedad. El socialismo es una clase radicalmente nueva y diferente de poder estatal. Es la transición al comunismo, que llevaría a la emancipación de TODA la humanidad.
Por primera vez en la historia, el socialismo hace que sea posible tomar el control de los recursos que la sociedad produce en común y utilizarlos con un plan racional a nivel de toda la sociedad para satisfacer las necesidades humanas y salvaguardar el planeta. Se basa en la actividad consciente de las decenas de millones de personas que estén iniciando la jornada de arrancar de raíz la explotación y la opresión en toda esfera, de la producción a las instituciones sociales e ideas en un proceso de muchos retos monumentales y una verdadera vitalidad y diversidad. Estos son cuestiones urgentes y pertinentes.
Busca en revcom.us (el periódico Revolución) un nuevo Manifiesto Comunista para nuestros tiempos.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Crisis financiera 2008:
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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A nuestros/as lectores/as:
De los compartimientos de carga de los barcos negreros al encierro de los penales y las calles desesperanzadas de hoy, la dura opresión del pueblo negro, y la lucha en su contra, han constituido un elemento central de la historia y de la realidad actual de esta sociedad. Pero ahora alguna gente dice que todo eso es cosa del pasado. Alguna gente incluso dice que la nominación de Barack Obama señala que “se ha trascendido la raza” en Estados Unidos. Otra gente reconoce la condición desesperanzada de la mayoría de los negros, pero culpa a las propias masas por la situación. Mientras tanto, la horrorosa y pulverizante opresión de los afroamericanos continúa. Veamos un solo ejemplo indignante: uno de cada nueve varones negros está bajo encierro en la cárcel, mientras que el colapso del mercado hipotecario y la nueva epidemia de sin techo pegan más duro a las comunidades de minorías.
El número especial #144 de Revolución trae 20 páginas sobre la emancipación de la humanidad y la lucha por la liberación del pueblo negro. Analiza profundamente la historia desde la esclavitud a las luchas de los años 60 y la realidad de hoy del pueblo negro en Estados Unidos... cómo la opresión y la brutal explotación del pueblo negro tienen sus raíces en este sistema criminal y son un pilar de este… y presenta un argumento a favor de la necesidad… y la posibilidad… de la revolución.
Hay que debatir, discutir y pasar de mano en mano este número, que de una forma en que nadie más lo hace habla derecho acerca de la opresión del pueblo negro y el camino a la liberación de toda la humanidad. ¡Hay una salida de todo esto —la revolución— y este número habla de todo eso!
En las semanas por venir, maximicemos la difusión de este número importante a muchas, muchas más personas en muchos, muchos lugares más, tales como los barrios y ghettos, las ciudades y los pueblos, a donde Revolución no haya llegado antes.
Muchas personas han estado leyendo este número… hablando de él… debatiéndolo y discutiéndolo. Tiene que llegar a las manos de mucho más personas de todas las nacionalidades.
Revolución quiere conocer lo que piensas. ¿Qué piensas sobre este número? ¿Qué piensan los demás y qué encuentras cuando lo llevas a otros? ¿Qué experiencias estás teniendo al difundirlo? ¿Cuáles preguntas te están planteando… y cuáles debates y polémicas están surgiendo… y cuáles formas creativas has hallado para llevar este número a las manos de diferentes tipos de personas? ¿Cómo están utilizando este número los presos y sus familiares? ¿Cuáles observaciones pueden agregar los presos a este diálogo? ¿Qué clase de discusión está generando en las peluquerías? ¿Y qué de las universidades?
Sabemos que hay muchas personas que tienen fuertes sentimientos e ideas sobre estos temas y queremos escuchar qué dicen. Escribe a Revolución para que todos puedan aprender de las experiencias positivas y que breguemos colectivamente, además en las páginas del periódico, con las fuertes preguntas que la gente está planteando y los debates que está prendiendo este número y adentrémonos más en estas preguntas.
Vivimos momentos tumultuosos. Millones de personas están preocupadas por el propio futuro de la sociedad y del planeta. Muchos se preguntan si el capitalismo de veras es “el mejor mundo posible” o si tal vez puede haber otra vía. En tal situación, es aún más urgente llevar este número especial de Revolución, “La opresión del pueblo negro, los crímenes de este sistema y la revolución que necesitamos” a todo el mundo. Además, todas las semanas muchas, muchas personas más tienen que estar leyendo este periódico, en medio del bullicio de escenas, debates prendidos y la difusión de la revolución.
Pedir este número especial #144 y escríbenos en: Revolution a/c RCP Publications, Box 3486, Merchandise Mart, Chicago, Illinois 60654-0486 o por correo electrónico a rcppubs@hotmail.com.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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La revolución es un asunto serio. No es algo al que se juega.
Como la revolución quiere decir llevar a un fin el poder que tienen los capitalistas imperialistas sobre la vida de millones de personas, precisamente aquellos que tienen ese poder se le opondrán con todos los medios que puedan, por medio de representantes directos del estado y por medio de colaboraciones con otros agentes “independientes”. También habrá fuerzas reaccionarias organizadas que defienden el sistema para las cuales la posibilidad del cambio revolucionario representa una amenaza; estas también trabajarán activamente contra la revolución y las organizaciones revolucionarias. Esto es de esperarse. La revolución conllevará la contrarrevolución. Pero también existe otra clase de contrarrevolución: las personas que salen del campo de la oposición al orden actual y quienes dan poses de revolucionarios pero cuyo propósito único o esencial y razón de ser es destruir a las auténticas organizaciones revolucionarias y líderes revolucionarios — la dirección que se necesita para hacer la revolución.
Que quede claro: la contrarrevolución quiere decir la oposición activa a la revolución, con la intención de destruir la revolución, grupo revolucionario o individuo.
Aquellos que tomen en serio lo de hacer la revolución tienen que establecer e insistir en criterios para el movimiento revolucionario que favorecen la revolución y se oponen a toda forma de contrarrevolución.
Cabe señalar una diferencia muy importante entre la lucha, incluso la lucha muy aguda, que se lleve a cabo sobre una base de principios acerca de las diferencias de línea y orientación, en contraste con la actividad destructiva que es objetivamente contrarrevolucionaria. Esa lucha de principios es muy distinta al trabajo que se centra en la propagación de mentiras, insinuaciones y provocaciones que no solo no llevará a la claridad sino que tiene por objeto regar confusiones y desbaratar la revolución — y que solamente puede beneficiar al estado.
En el mundo actual, se necesita con requete-urgencia la revolución dirigida por los comunistas pero esta aún es muy rara. Los diferentes partidos comunistas que se han responsabilizado de hacer la revolución en los países específicos en que trabajan tienen que distinguir entre los amigos y los enemigos de la revolución. Al hacer la revolución, cuando los partidos lleven a cabo la lucha por determinar cuál línea, cuál camino y cuál plan de acción puedan llevar a liberar a las personas de los grilletes muy reales con que este sistema las tiene atrapadas, tiene mucha importancia dedicar todo esfuerzo posible a forjar la unidad más amplia sobre una base de principios.
Los comunistas tienen y tendrán diferencias sobre la manera de sintetizar la anterior experiencia de las revoluciones socialistas, qué lecciones sacarles, cómo avanzar en la siguiente etapa, cómo analizar las condiciones para la revolución y a cuál estrategia seguir. Además, habrá diferencias y luchas de principios entre los comunistas y otras personas que no están de acuerdo en que el comunismo es el camino hacia adelante, pero que aún quieren ver cambios sociales progresistas o radicales y/o resisten los ataques de las clases dominantes. Se necesita mucho debate y efervescencia acerca de estas cuestiones hoy y en el futuro.
Esta clase de lucha de principios, que a veces puede abarcar fuertes polémicas sobre ideología y línea —polémicas cuyo motivo es descubrir la raíz de los desacuerdos sobre qué es el verdadero problema y qué es la verdadera solución— es un elemento clave de hacer la revolución. Todo esto es una parte necesaria de conocer la realidad con la que estamos tratando y que estamos trabajando por cambiar; es importante para atraer a las masas hacia el proceso de determinar cómo avanzar hacia la revolución y la emancipación de la humanidad — y cómo sortear los falsos caminos. Los auténticos comunistas revolucionarios que están tratando de dirigir a la humanidad a alcanzar el comunismo procurarán aprender incluso de aquellos que se oponen a las metas y el rumbo hacia los cuales los comunistas están dirigiendo la sociedad, tanto de los descubrimientos y observaciones como de los críticas válidas, o incluso válidas en parte, que aquellos que se oponen puedan tener y, en ocasiones, por medio de aprender de ellos por ejemplo negativo. En este tipo de crítica, hay que aplicar el siguiente criterio: cuando alguien tiene desacuerdos al nivel de la línea, debería dirigirse a la mejor representación de la línea a la cual está criticando, sobre la base de lo que los grupos e individuos publican acerca de sus puntos de vista, y luego expresar sus diferencias lo más clara y concisamente que sea posible.
Por eso, es muy importante y esencial llevar la lucha de principios sobre la línea o incluso sobre los principios básicos que, en realidad, pueden ser determinantes entre la revolución y una u otra forma de derrota. Tal lucha también es cualitativamente diferente a la clase de trabajo destructivo que hacen aquellas fuerzas que en nombre de la revolución, se ocupan de traficar en el anticomunismo y alientan la animosidad hacia los comunistas y sobre todo hacia los líderes comunistas que insisten en que se puede y se debe cambiar el mundo radicalmente — y que dedican la vida a este objetivo. Aquellos que especulan sobre las diferencias y las fomentan, que se presentan como voceros de “información autorizada” sobre asuntos de los cuales no saben nada o los cuales tergiversan a propósito, no solo no contribuyen a tener claridad sobre la línea y el camino hacia delante, sino que ayudan a las actividades de los enemigos de la revolución para aislar y atacar a la dirección revolucionaria.
Con el mundo ciberespacial es aún más posible que circulen y encuentren apoyos los viles ataques contra las organizaciones y la dirección revolucionarios. Si bien la Internet ha facilitado muchas cosas positivas —tal como la capacidad de que personas de todo el mundo tengan acceso a la información y el pensamiento de personas de hoy como del pasado, y la capacidad de comunicarse velozmente por el mundo entero—, esta nueva libertad también ha conllevado tendencias muy peligrosas. Por ejemplo, cualquiera con una computadora puede confeccionar cualquier “verdad” que quiera, escribir fantasías, combinar cosas y luego circularlas por todo el mundo. Uno puede establecerse como una llamada autoridad y soltar su veneno en toda clase de portal, diario digital y servidores — pues ahí son puros bytes de información de igual acceso, de igual validez. Hay organismos que son parte del gobierno, centros de investigación de orientación imperialista, de la izquierda a la derecha, y diversos reaccionarios independientes que se ocupan de navegar la Internet en busca de chismes que pueden utilizar para oponerse a las fuerzas revolucionarias. Y nótese bien que en los años 60 el gobierno, sin siquiera la facilidad de la Internet, tomó tal “información” y especulación y literalmente destruyó vidas, en sus labores de trastornar y destruir las organizaciones revolucionarias. Entre las personas que en ese entonces aspiraban al cambio, las lecciones pagadas con sangre generaron una amplia conciencia de la necesidad de tener elevados criterios.
Hoy, la cultura en general padece los excesivos efectos del voyeurismo de los tabloides, de superficialidad más “discurso” — mi historia personal, mi realidad personal, “cuanto más sensación cause, mejor”. Vivimos en una cultura en que acosar y desnudar la vida de importantes figuras de la cultura y la política ha llegado a ser un pasatiempo nacional; desgraciadamente también han adoptado esa misma mentalidad algunas personas que juegan a la revolución. En el “movimiento” encontramos el sensacionalismo tipo National Enquirer [periódico amarillista que se vende en el supermercado] que alientan individuos arribistas quienes se hinchan dando poses de “conocedores” — lo que generan un ambiente en que se piensa que está bien publicar y transmitir mentiras sobre las personas, pedir datos sobre el paradero de las personas, especular y chismear sobre el papel de diferentes individuos y tratar de hacer que otras personas reaccionen a ese nivel de discurso.
Puede que todo esto desconcierte a las personas que recién entran al movimiento revolucionario. ¿Por qué actuarían así las personas que se dicen estar a favor de la revolución? Desgraciadamente, este tipo de actividad contrarrevolucionaria es una parte inevitable de hacer la revolución — pero no quiere decir que hay que perdonarla o hacer caso omiso de ella. Para que no nos dejemos salir del camino o desorientar, necesitamos tener claridad de que este tipo de actividad perjudica en lo concreto, propiciando un ambiente en que las fuerzas del estado en el poder pueden desatar la despiadada represión contra la revolución. Esta es una forma en que es posible distinguir entre las personas que expresan diferencias de principios con los revolucionarios, incuso de manera fuerte, por una parte, y por otra, los contrarrevolucionarios. En lugar de dedicarse a desarrollar cualquier tipo de línea, programa o estrategia revolucionaria, la única característica que los unifica es la de atacar y echar por tierra la dirección revolucionaria. Estos son asuntos de vida o muerte que afectan la vida de millones de personas. Los movimientos revolucionarios serios tienen que elevar sus criterios y aprender a rechazar y a no tener nada que ver con alguien que lleve a cabo estas formas de actividades contrarrevolucionarias.
Todos los que quieren ver un fin al dominio de los monstruos que manejan este país y que causan trastornos y caos por todo el mundo tienen que trazar claras líneas de demarcación entre la lucha sincera de principios sobre línea y programa, y las actividades destructivas de aquellos que solo pueden regodearse vilipendiando y desbaratando al único partido que tienen las masas, el único partido que está decidido a aferrarse a los principios del comunismo y a hacer de esa visión liberadora una fuerza material en la sociedad — algo hacia lo que pueden trabajar las personas que anhelen y esperen un mundo radicalmente diferente y mejor, con la dirección que sabe cómo llegarle.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Estados Unidos en Afganistán:
La guerra en Afganistán no es una “guerra buena” convertida en mala. Ha sido una guerra injusta e imperialista de conquista e imperio desde el inicio. La primera parte documenta lo que hizo el gobierno estadounidense en los años 90, después de la caída de la Unión Soviética, para forjar un imperio mundial indisputable, que sentó los cimientos para la llamada “guerra contra el terror”. La segunda parte explica cómo, justo después del 11 de septiembre, el régimen de Bush concibió y lanzó esa “guerra contra el terror” a fin de lograr estos objetivos imperialistas, guerra que había estado en preparación durante una década.
Aproximadamente cinco horas después de que aviones secuestrados se estrellaron contra el World Trade Center y luego el Pentágono el 11 de septiembre, Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de George W. Bush, ordenó a un ayudante que trazara planes de guerra. Sus instrucciones: “A gran escala. Arrásalo con todo. Cosas relacionadas [a los ataques] y no relacionadas”.
En muchos sentidos, la orientación de Rumsfeld llegó a resumir la respuesta de los imperialistas norteamericanos al 11-S. Se aprovecharon de esos ataques para lanzar una guerra de imperio injusta y sin límites con el lema de la “guerra contra el terror”, empezando con Afganistán, luego Irak, con al menos cinco otros países en la lista de blancos. Así que ninguna de estas guerras —ni Afganistán ni Irak— fueron “guerras buenas” convertidas en malas. Desde el principio, fueron parte de una sola y muy amplia guerra imperialista de conquista y mayor imperio. Y siguen siendo actualmente injustas guerras imperialistas de agresión.
Se puede ver todo esto claramente por las discusiones y la secuencia de las decisiones tomadas por el régimen Bush en los días y semanas después del 11-S.
Empezando horas después de los ataques del 11-S y continuando durante la semana siguiente, altos funcionarios de Bush empezaron una serie de discusiones secretas para elaborar su respuesta. Los informes de Bob Woodward sobre esto en el Washington Post, junto con otros informes e información confidencial, explican claramente que la invasión de Afganistán y la “guerra contra el terror” entera no fueron fundamentalmente respuestas a los ataques del 11-S. Ni tenían el objetivo de castigar a los responsables para los ataques, ni de prevenir futuros ataques contra Estados Unidos.
Al contrario, la invasión de Afganistán de octubre de 2001 (y luego de Irak en marzo de 2003) se concibieron como las primeras salvas de una “guerra contra el terror” a largo plazo cuyos verdaderos y interrelacionados objetivos abarcaron derrotar (incluido en el frente ideológico) a las fuerzas fundamentalistas islámicas anti-Estados Unidos, derrocar a los estados que no están totalmente bajo el control de Estados Unidos o que están alentando movimientos islámicos anti-Estados Unidos, reestructurar el Medio Oriente y Asia central en su totalidad, y tomar un control más profundo de críticas fuentes y rutas de transporte de energéticos estratégicos. Estos objetivos diferentes fueron combinados por el objetivo general y fundamental de expandir y fortalecer el poder estadounidense y crear un imperio imperialista global indisputable sin rival. Esta “guerra contra el terror” solidificó una década de planeación de los neoconservadores en una nueva gran estrategia global, y subsumió la planeación previa, en particular acerca de Afganistán.
Desde el principio, el “gabinete de guerra” de Bush, que incluyó al vicepresidente Dick Cheney, al secretario de Defensa Donald Rumsfeld, a la asesora de Seguridad Nacional Condoleezza Rice, al secretario de Estado Colin Powell, al director de la CIA George Tenet y a menudo al subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, sintieron una necesidad aguda de responder de forma masiva y violenta a aquellos que atacaron a Estados Unidos a fin de mantener la credibilidad global de Estados Unidos. Creyeron que los ataques reflejaban un peligro más profundo y más amplio al poder global yanqui: el crecimiento de un fundamentalismo islámico militante antiestadounidense así como la continua inestabilidad en el Medio Oriente y Asia central que amenazaban la hegemonía estadounidense.
Vieron una oportunidad rara e histórica para lanzar una guerra amplia y lograr los objetivos estratégicos importantes a los que han aspirado mucho tiempo. Su enfoque, aun desde el principio, nunca fue simplemente responder a los ataques, encontrar a los responsables, ni prevenir futuros ataques.
Un año antes, algunos neoconservadores previeron que se haría falta exactamente esta clase de sacudida repentina para iniciar y lanzar sus planes por un imperio mayor: “Es probable que el proceso de transformar [la posición global norteamericana], aunque traiga un cambio revolucionario, sea largo, salvo que haya un sucesos catastróficos y catalíticos, tal como un nuevo Pearl Harbor”, escribió en septiembre de 2000 el Proyecto por un Nuevo Siglo Norteamericano. La noche del 11-S, Bush escribió en su diario “el Pearl Harbor del siglo 21 tomó lugar hoy”.
Bush y su equipo analizaron la necesidad de actuar con rapidez “para sacar provecho de la ira internacional ante el ataque terrorista”. Reconocieron que los ataques les dieron una oportunidad política de actuar con fuerza para “cambiar las placas tectónicas” del poder global, como dijo la secretaria de Estado Rice, llamando el período pos-soviético uno “no solamente de peligro grave, sino de oportunidad enorme”. Un alto funcionario de Bush que quería quedarse anónimo dijo a Nicholas Lemann del New Yorker que el 11-S fue un “momento transformativo” no porque “reveló la presencia de una amenaza de la cual los funcionarios previamente no se daban cuenta”, sino porque “redujo dramáticamente la resistencia habitual del público norteamericano a incursiones militares de Estados Unidos en el extranjero, al menos por un tiempo... Ya que ha sido atacado Estados Unidos, las opciones son mucho más amplias”. Así que el equipo de Bush conscientemente trabajó para traducir el choque y el profundo dolor generados por el 11-S en un mandato para una guerra sin límites.
Desde el principio, el equipo de Bush concibió esta ofensiva como una guerra amplia y global. Nunca fue simplemente una campaña contra el Talibán, Al Qaeda y Osama bin Laden, y la retórica y los planes estadounidenses reflejaban eso, y se escalaron rápidamente mucho más lejos que los sucesos del 11-S. La mañana del 11-S Bush había dicho simplemente que Estados Unidos “cazaría y castigaría a aquellos responsables de estos ataques cobardes”. Al fin del día, su gabinete de guerra ya había decidido atacar a varios gobiernos y fuerzas políticas antiestadounidenses.
La tarde del 11-S Bush intensificó su retórica: “No vamos a distinguir entre los terroristas que cometieron estos actos y aquellos que les dan cobija”. Al día siguiente aumentó la apuesta de nuevo, diciendo que los ataques “fueron más que actos de terror. Fueron actos de guerra”. Una semana después, el 20 de septiembre de 2001, Bush pronunció un discurso ante una sesión conjunta del congreso y aumentó la apuesta aún más comprometiendo a Estados Unidos a una prolongada “guerra contra el terror” contra “todo grupo terrorista de alcance global” y “todo país que siga cobijando o apoyando el terrorismo”. Luego, lanzó un ultimátum al gobierno del Talibán de Afganistán, donde Al Qaeda tenía una base de operaciones. Estados Unidos lanzó la guerra contra Afganistán el 7 de octubre de 2001.
Mientras tanto, entre bastidores, el equipo de Bush en secreto había estado debatiendo si atacar inmediatamente a Irak o no — aunque sabían que Irak no tenía nada que ver con el 11-S. Para el 17 de septiembre, habían decidido empezar con Afganistán pero no atacar a Irak — al menos no en ese momento.
La enormidad de su agenda emergente requirió un enfoque de paso a paso, y según el Washington Post, creyeron que “necesitarían obtener tempranos éxitos en cualquier guerra para mantener el apoyo interno e internacional”. Bush le dijo a Woodward, “[S]i pudiéramos verificar que pudiéramos tener éxito en este escenario [Afganistán], pues el resto de la tarea sería más fácil. Si intentáramos hacer demasiadas cosas —dos cosas, por ejemplo, tres cosas— en el frente militar, pues... la falta de enfoque habría sido un riesgo enorme”. Ese día Bush firmó órdenes secretas que autorizaron la guerra contra Afganistán y ordenó al Pentágono a que empezara a planear la guerra contra Irak — aun antes de que se hubiera lanzado su ultimátum en contra del Talibán.
Las guerras tanto en Afganistán como en Irak se concibieron como parte de una agenda aún más amplia. Los ataques del 11-S habían subrayado la creciente inestabilidad en el Medio Oriente y Asia central y la propagación del fundamentalismo islámico como un polo desestabilizador de oposición a la hegemonía norteamericana — una ideología que se presenta como una alternativa a la globalización capitalista y a la democracia burguesa encabezadas por Estados Unidos. Estas fuerzas —que son completamente reaccionarias y representan el viejo orden, tanto feudal como burgués— fundamentalmente no se oponen al capital extranjero, pero sus intereses están en conflicto de varias maneras y a menudo de forma aguda con Estados Unidos y sus clientes regionales.
El 18 de septiembre de 2001, Rumsfeld dijo que la mejor manera de atacar a las redes terroristas es “secar el pantano en que viven”. Más o menos una semana después, Wolfowitz agregó: “Vamos a intentar encontrar cada serpiente en el pantano que podamos pero la esencia de la estrategia es secar el pantano” (Independent, 27 de septiembre).
Piensa en estas declaraciones. El gobierno estadounidense tachó de “pantano”, o sea de blanco, a regiones enteras que son inestables y no estaban completamente bajo el control de Estados Unidos, regiones donde vivían cientos de millones de personas. Y estaba emprendiendo una campaña de “secar” ese “pantano”, conquistar y reestructurar con violencia esas regiones para aplastar a quienquiera que se opusiera a la dominación yanqui, y para remodelar y transformarlas con el objetivo tanto de socavar a las fuerzas sociales que alientan el fundamentalismo islámico anti-Estados Unidos como de integrar esas regiones más plena y directamente en el imperio estadounidense.
El general retirado Wesley Clark le dijo a Democracy Now! (2 de abril de 2008) que diez días después del 11-S estaba en el Pentágono y un alto funcionario le dijo: “Hemos tomado la decisión de que vamos a ir a la guerra contra Irán”, y que unas semanas después el mismo funcionario le dijo que un memorándum (probablemente de Rumsfeld) circulaba “que describe cómo vamos a derrotar a siete países en cinco años, empezando con Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, el Sudán y al fin Irán”.
Se consolidó más ese enfoque en una reunión secreta a finales de noviembre de 2001 el que documenta Bob Woodward en su libro Negar la evidencia: Bush en guerra, parte III (Norma S A Editorial, 25 de septiembre de 2008). Según Woodward, después del 11-S Paul Wolfowitz, entonces subsecretario de Defensa, creyó que Estados Unidos se encontraba ante una “crisis” y necesitó un análisis más profundo de sus adversarios — “¿Quiénes son los terroristas? ¿De dónde surgió esto? ¿Qué relación tiene con la historia islámica, la historia del Medio Oriente y las tensiones contemporáneas en el Medio Oriente? ¿Qué nos confronta?”
Wolfowitz organizó una reunión secreta de una docena de estrategas imperialistas y antiguos funcionarios para discutir estos asuntos y elaborar una respuesta amplia y agresiva. El resultado, informa Woodward, fue un “documento de siete páginas a renglón cerrado intitulado ‘Delta del terrorismo’. Usaron ‘Delta’ en el sentido de la desembocadura de un río de la cual todo fluía”. El análisis y la visión en este aún secreto memorándum aparentemente han guiado gran parte del pensamiento del régimen de Bush desde ese entonces.
Concluyó que el 11-S no fue un incidente aislado, sino parte de un asunto más amplio y profundo que confronta a Estados Unidos en el Medio Oriente y en el mundo: “El 11-S no fue una acción aislada que requiere del trabajo policial y el combate al crimen”, le dijo un participante a Woodward. Al contrario, Estados Unidos confrontaba una “batalla de dos generaciones con el Islam radical” para mantener el control del Medio Oriente y Asia central.
La reunión concluyó que Egipto, Arabia Saudita e Irán fueron las fuentes más importantes de la tendencia islámica radical que Estados Unidos confrontaba, pero sería difícil lidiar con ellos. Irak, sin embargo, fue harina de otro costal. Estaba “más débil, más vulnerable”, según Woodward. “Concluimos que una confrontación con Saddam fuera inevitable”, dijo un participante. “Fue una amenaza creciente, la amenaza más grave, activa e inevitable. Estábamos de acuerdo de que Saddam tendría que salir de la escena antes de que el problema se resolviera”. Otro participante le dijo a Woodward que el plan fue el de empezar con Irak y los éxitos ahí llevarían al “derrocamiento de Irán”.
Así que desde el comienzo, el régimen concibió la guerra de Afganistán y luego la invasión de Irak en el contexto de los objetivos generales del imperialismo yanqui y como parte de una guerra injusta más amplia por un imperio mayor. Por eso, canalizaron mucho más recursos a la invasión de Irak que a amarrar o reconstruir a Afganistán (o hallar a Osama bin Laden). A su parecer, Irak tenía más importancia estratégica, tanto en términos del “efecto demostrativo” de desbaratar a un régimen importante porque los imperialistas creían que podrían convertir a Irak en un peldaño y modelo para el cambio de régimen y las transformaciones impulsadas por Estados Unidos a lo largo del Medio Oriente, como porque Irak tiene enorme reservas de petróleo.
Próximamente: Parte 3. Estados Unidos en AfganistánLa esencia de lo que existe en Estados Unidos no es democracia, sino capitalismo-imperialismo y las estructuras políticas que lo imponen. Lo que Estados Unidos lleva al resto del mundo no es democracia, sino imperialismo y las estructuras políticas que lo imponen. Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, EU. |
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Recibimos estas cartas del Fondo de Literatura Revolucionaria para Presos (PRLF)
Primero, déjenme decir que ¡¡realmente me encanta el trabajo que ustedes, la gente positiva, están haciendo!! Quiero agradecerles también todos los periódicos que estaba recibiendo. Pero solo recibí un periódico para el mes de septiembre de 2008. Me doy cuenta de que el personal aquí en su mayoría es de miras estrechas, y en mi opinión lo está guardando. Me gustaría escuchar del “R”, sobre ¿cuántas veces al mes debo recibirlo? ¿Y cuántas veces durante septiembre de 2008 me lo han mandado? Gracias. Les enviaré un giro por $5.00. Solo recibo $8.50 al mes.
Quiero que sepan que (tengo sobreentendido) la postura del “R” sobre la gente [que] quiere creer en el cambio insignificante que Obama representa. ¡Yo quería creer que Obama iba a ser lo que este gobierno estadounidense necesita para apartarlo de los crímenes horribles que sigue desatando en el mundo! Como el “R” está muy enterado de la historia de los africanos en Estados Unidos, y muchos africanos en todo el mundo solo están tratando de agarrar este sueño guajiro desde el punto de vista de raza. Lo que va a ser una decepción en muchísimos frentes. Al considerar los horribles crímenes que un puñado selecto de personas, cuya meta es dominar al mundo, ha propuesto y sigue proponiendo, respondo y les digo a todos que muy tontamente quieren creer que Obama es el cambio en que debemos creer: “Si piensan por un mísero segundo que el puñado selecto de personas va a entregar algún poder significativo a un africano, considerando la historia de los africanos en todo el mundo a manos de Estados Unidos y la mayoría de los llamados países blancos, pues son una tristeza. Además, el puñado selecto de personas no colocará a una llamada persona blanca en un puesto de poder si este se opone a su (poder del puñado selecto de personas)”
De hecho estoy [seguro] de que el “R” está en el camino correcto para traer el cambio indicado que el mundo necesita. Estoy en desacuerdo con unos presos de buenas intenciones sobre el cambio que se necesita por todo el mundo. Demasiados presos miran las condiciones de vida que sufre la gente de otros países y usan el sufrimiento de esa gente desafortunada para probar que Estados Unidos es el mejor y que por eso todos que viven en este país deben apoyarlo. No importan cuántos modos en que les señalo los hechos de que este país tiene parte directa o indirectamente en ese asesinato y sufrimiento, esa gente desafortunada, o sea, los presos, dicen que tengo la buena suerte de vivir en Estados Unidos. ¡¡Algunos hasta me dicen que si no me gusta, pues debo abandonar el país!! Es una ironía que esos mismos presos están en aislamiento administrativo prolongado y no saben cuándo van a salir, y muchos están ahí por violaciones menores de las reglas que no requieren el aislamiento administrativo prolongado. Es más, los presos que usan la cabeza y presentan un reclamo por eso, aun así van a hallarse encerrados por muchísimo más tiempo de lo que especifica la política del departamento de correcciones. Esa es solamente una de las muchas injusticias. Sin embargo, encuentro que la mayoría de esos presos están dispuestos a aceptar nuestra opresión continuada, con la falsa esperanza de que las cosas cambiarán por sí mismas. ¡¡Tengo que decir que me impresiona que el “R” pueda alentar a los estudiantes de prepa a tomar una postura a pesar del peligro!! Sin embargo, mi experiencia es que unos de esos presos que dicen que el “R” está en el camino equivocado hacia el cambio, todavía no se han animado a dar pasos en la dirección correcta contra nuestras opresiones constantes.
Mucho amor a todos que luchan por un cambio verdadero para los oprimidos del mundo.
Saludos revolucionarios a Uds. camaradas de RCP Publications. Que esta misiva los encuentre de hermoso ánimo. Soy un prisionero social que se ha hecho prisionero político. Me tienen de rehén en uno de los muchos gulags del sur de amérika. De hecho, aquí en el estado esclavista de XXX, he establecido un grupo de estudio político con el propósito de elevar el nivel de la conciencia de mis compañeros presos e incorporarlos a la lucha que liberará a la humanidad de la época de la explotación y la opresión. En lo que concierne estar en las entrañas de la bestia carcelaria, nos confronta la realidad del racismo, el sexismo y el clasismo, las condiciones injustas y la opresión arquetípica.
Representamos la clase capaz de las hazañas más heroicas y los sacrificios más exaltados, como declaró Carlos Marx. Nos jugaremos la vida por la revolución; que tiemble la clase dominante ante la revolución comunista. Sí, soy un comunista que está aprendiendo. Quiero usar toda mi inteligencia y mi energía para hacer esta revolución. Estoy escribiéndoles para pedir el plan y el programa de su partido. También un ejemplar de la Constitución del partido. Si me los pudieran mandar por favor. Gracias por su tiempo y su consideración.
En amor/solidaridad
atreverse a luchar
atreverse a ganar
P.D. Me gustaría seguir recibiendo Revolución.
| “El periódico Revolución es un recurso vital que tiene que estar en las manos de muchos, muchos presos” preso, penitenciaría del estado de Oregon |
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Recibimos la siguiente carta de una lectora:
El último debate entre los candidatos presidenciales se llevó a cabo en Hempstead, Nueva York en la Universidad Hofstra. Ese día desfiló por las principales calles de Hempstead una marcha que convocó Veteranos de Irak Contra la Guerra (IVAW), a la cual acudieron activistas por los derechos del migrante de Long Island (Hempstead es un centro para migrantes salvadoreños); alumnos con su maestro de una secundaria local; estudiantes universitarios de Brooklyn y Hunter College; Veteranos por la Paz, Acción por la Paz, Pax Christi, Código Rosa y El Mundo No Puede Esperar — Fuera Bush y Su Gobierno que traía una bandera que decía: “¡No a la guerra de Irak, Afganistán, Irán ... o Pakistán!”.
En la noche, dos horas antes del debate, 15 militantes de IVAW y 350 manifestantes contra la guerra se reunieron afuera de Hofstra. IVAW había mandado una carta al moderador del debate, Bob Schieffer, pidiéndole permitir a dos veteranos hacerles preguntas a McCain y Obama respecto a un fin a la ocupación de Irak y el trato a los veteranos de la guerra, pero no recibieron ninguna respuesta. Cien policías antimotines, algunos a caballo, les bloquearon la entrada a la universidad.
Matthis Chiroux y Kris Goldsmith, dos miembros de IVAW, eran los escogidos para entrar a hablar en el debate. (En mayo del año en curso, Chiroux desobedeció una orden de regresar a Irak después de que le habían dado de baja (“stop-loss orders”). Los dos se acercaron a la entrada mientras los manifestantes corearon: “¡Déjenlos entrar!” La policía los arrestó inmediatamente y luego policías a caballo empujaron a los manifestantes hacia la banqueta del otro lado de la calle. Aventaron los caballos contra los veteranos y arrollaron a varios. Un caballo pisoteó al veterano del ejército Nick Morgan en el cachete y le quebró el hueso. Arrestaron a diez militantes de IVAW y cinco otros manifestantes bajo cargos de alterar el orden público.
Dijo Jabar Magruder de IVAW: “No he visto semejantes heridas desde que estaba en Irak, ver a la gente así tirada en el suelo. No necesito que me pase eso aquí en la calle. No necesito que me pase eso aquí en Estados Unidos. Y eso me pasó esta noche simplemente por tratar pacíficamente de traer un mensaje a los candidatos. Ambos dicen apoyar a los veteranos, y esto es el tipo de apoyo que recibimos esta noche: empujones, atropellos y arrestos”.
Una estudiante jamaicana de la Universidad Escuela Nueva dijo que era la protesta más significativa de su vida. La brutalidad de los policías le dio mucho coraje y les gritó durante casi una hora. Su hermano gritó: “¡Obama! ¿Qué tienes que decir sobre eso?”. Activistas contra la guerra que venían de Long Island quedaron asombrados y airados. Para muchos, era la primera vez que habían visto el salvajismo de la policía y algunos les gritaron: “¿No saben que trabajan por nosotros?”.
Afroamericanos y afroantillanos de la comunidad de Hempstead salieron a la calle durante estos acontecimientos. Algunos habían acudido para apoyar a Obama y otros por la confrontación. Algunas señoras de la tercera edad comentaron que jamás habían visto a la policía golpear a blancos, aunque todos dijeron haberla visto parar a los conductores negros y latinos, sacarlos a jalones y golpearlos, o pararlos mientras caminan por la calle para cachearlos. Un veterano negro habló del trato que dan las tropas estadounidenses a los iraquíes: “Como si no fueran seres humanos. Como si no tuvieran ningún derecho, igual que nosotros”. Unos transeúntes preguntaron que por qué protestaban si corrían el riesgo de ser arrestado o golpeado. Surgieron conversaciones intensas entre las personas, entre ellas los distribuidores de Revolución, sobre cuáles derechos tienen las personas en una “democracia” que es realmente una dictadura imperialista capitalista, del trato a los negros y latinos que realmente es diferente al trato a los blancos; y cómo cambiaría todo eso una sociedad socialista.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Ahorita mismo, en los barrios negros y latinos de todo el país, se está robando la niñez a los niños, y estos tienen miedo de ir a la tienda de la esquina o de jugar afuera o de tomar el autobús a la escuela. Algunos estudios han mostrado que el miedo número uno entre los escolares es que se les pegue un tiro. Han muerto 36 escolares de las escuelas públicas de Chicago desde el septiembre pasado como resultado de la violencia en el seno del pueblo. Estas balaceras son además del terror y brutalidad generalizados por parte de la policía (y se usan para justificar tal terror y brutalidad). Este verano la policía de Chicago disparó a 12 personas en 4 semanas, matando a 6 y dándoles por la espalda a por lo menos 6.
¿Cómo hemos llegado a esta situación horrorosa en que padres miran mientras sus hijos caen en fuegos cruzados, niños crecen acosados con pesadillas de balaceras, seguros que no vivirán más de 18 años? Es un horror para el pueblo — una sensación de desesperación al saber que son tus vecinos, primos y amigos que están haciéndolo el uno al otro. Desesperación profunda de que sea un ciclo sin fin y sin salida.
Gente de diferentes perspectivas está buscando respuestas y soluciones, de proyectos de investigación a marchas y grupos de intervención. En un artículo del New York Times del 4 de mayo pasado, “Blocking the Transmission of Violence” (Bloquear la transmisión de la violencia), Alex Kotlowitz sostiene que la violencia es similar a una enfermedad epidémica en la comunidad1 . Es claro que a Kotlowitz le importan mucho la vida y condiciones de la gente encerrada al fondo de la sociedad. Pero a pesar de sus buenas intenciones, su argumento concentra una lógica peligrosa que invierte causa y efecto.
Aunque rebasa el ámbito de este artículo analizar todo lo que dice Kotlowitz, queremos hablar de su argumento central — que parar la violencia en el seno del pueblo es el primer paso necesario para cambiar las condiciones económicas y sociales más amplias de las masas oprimidas. El artículo se basa en la suposición de que se puede hacer esto sin cambiar las relaciones económicas y sociales fundamentales de la sociedad, las cuales son la fuente brutal de esta situación entera, como vamos a mostrar. Mucha gente se hace eco a este modo de pensar, gente que odia cómo tiene que vivir pero cree que la solución es que “nos encarguemos de nuestros propios problemas” antes de que pueda haber algún cambio positivo para las comunidades.
Kotlowitz se refiere a la posición del epidemiólogo Gary Slutkin (el fundador de la organización CeaseFire [Cese del fuego] de Chicago), usando una analogía entre parar la violencia y curar una enfermedad contagiosa que tiene una importante fuente en el suministro de agua de la comunidad:
“Slutkin dice que tiene sentido purificar el agua si —y solamente si— se reconoce y se trata la propia epidemia. En otras palabras, las medidas contra la pobreza solamente funcionarán si se trata la violencia. Parecería lógico que la violencia fuera un resultado de privación económica, pero la relación entre las dos cosas no es estática. Las personas que tienen pocas esperanzas para el futuro viven de modo temerario. Por otro lado, la comunidad en la cual se resuelven discusiones con balas probablemente no va a experimentar crecimiento y oportunidad económicos”.
Kotlowitz sí analiza un poco algunas limitaciones de este argumento, pero no llega a examinar qué está “envenenando el agua” en primer lugar. Al hablar de las personas que están intentando salir de la lógica de represalias pandilleras, escribe: “Irse de la ciudad no es una opción para la mayoría. Para aquellos que han salido ilesos de una balacera... si no hay trabajo, o hay escuelas malísimas, o vivienda deteriorada, ¿qué va a prevenir que regresen a la vida anterior? Es como el cólera: es posible curar a todos, es posible contener la epidemia, pero si no se limpia la fuente del agua, pronto va a enfermarse de nuevo la gente”.
Kotlowitz no hace la pregunta básica y necesaria: ¿por qué están desproporcionadamente “malísimas” las escuelas concentradas en las comunidades negras y latinas, por qué está “deteriorada” la vivienda, o que de plano no existe? Desde un punto de vista más amplio, ¿por qué está concentrado el pueblo negro en ciudades miseria en primer lugar? ¿Cómo llegó a esta situación y qué creó tal situación en que ahora hay varias generaciones de jóvenes criminalizados — a los que la chota ha matado, o que se matan entre sí, o que decenas y decenas de miles están almacenados en prisiones? Los actos violentos que la gente comete entre sí es síntoma de un problema más grande — pero si no diagnosticas el problema correctamente y no sabes la causa, pues el tratamiento que pruebas va a hacerlo peor.
La opresión del pueblo negro, y de otras minorías, ha sido un elemento del desarrollo del capitalismo en la sociedad estadounidense desde sus inicios, sobre los huesos de la esclavitud y el genocidio de los pueblos originarios. Después de la guerra de Secesión y el corto período de la Reconstrucción, en lugar de ser integrados en la sociedad estadounidense, se desató una ola de terror contra los negros — en su mayoría fueron encerrados en las plantaciones en una nueva forma de esclavitud, y el pueblo afroamericano se formó como una nación oprimida en el Sur dentro del territorio más grande y dominante euroamericano de Estados Unidos. A comienzos del siglo 20, la industria pesada empezó a expandirse mucho. En el Norte, especialmente con los preparativos para la II Guerra Mundial, la industria de defensa estaba en auge, creando una necesidad de trabajadores, mientras en el Sur, debido a la mecanización de la producción del algodón (y anteriormente del tabaco), la aparcería se volvió menos rentable. Hubo un empujón y un jalón en el Sur que mandaron a millones de negros al Norte — el empujón de la pobreza, el racismo de Jim Crow (racismo con el aval de la ley) y el terror del Ku Klux Klan, y el jalón del trabajo y la esperanza de una vida mejor. Pero si bien las formas de la opresión en el Norte fueron diferentes, el hecho de la opresión se quedó. Los trabajadores negros traídos a la industria, oprimidos como un pueblo, recibieron las chambas más sucias, peligrosas y de bajo pago. Fueron los “últimos contratados” y los “primeros despedidos”. La gente negra no consiguió las subvenciones de vivienda que consiguió la gente blanca para comprar casas en las zonas suburbanas de las ciudades, e incluso cuando tenían el dinero, no les permitieron comprar casas en las zonas para “blancos” sea por medio de reglas no implícitas o violencia de turbas blancas. Al contrario, las medidas del gobierno los metieron en multifamiliares construidos de manera chapucera en los centros urbanos. Los negros de todas las clases y capas padecieron segregación y discriminación dondequiera, y los capitalistas superexplotaron a los trabajadores negros en su afán de ganancias adicionales.
Los efectos de todo eso —en combinación con la situación internacional con los levantamientos contra la dominación imperialista y colonial y los países socialistas como China que representaban la posibilidad de una resolución revolucionaria de la opresión, y la contienda en que estaba enzarzado Estados Unidos con otras potencias por una tajada más grande del saqueo de los países anteriormente colonizados— dio lugar aquí al trascendental movimiento revolucionario de los años 1960. Como resultado de este auge de levantamientos y en particular de las poderosas rebeliones urbanas en más de 100 ciudades estadounidenses, efectivamente cayeron algunas barreras que enfrentaba el pueblo negro. Se les proporcionaron algunos trabajos mejores, la acción afirmativa les permitió a miles de estudiantes negros a entrar en universidades y carreras profesionales, y se les establecieron programas sociales como welfare (ayuda pública) y educación preescolar.
Mucha gente, especialmente los jóvenes, empezó a verse a sí misma de manera diferente en relación al mundo. En la lucha la gente estaba intentando determinar cómo forjar nuevas maneras de relacionarse entre sí. Había una amplia unidad entre muchos de que no iban a combatir y morir por los opresores, sino por forjar un nuevo futuro para la gente de todo el mundo. De hecho, uno de los logros más inspiradores de grupos como el Partido Pantera Negra y el Partido Young Lords (un grupo revolucionario basado principalmente en los puertorriqueños) fue que sacaron a muchos pandilleros de esa vida y los metieron a la revolución y a servir al pueblo, así como muchos prisioneros (como George Jackson) se pasaron de “la mentalidad para el crimen” a “la mentalidad para la revolución”.
Pero todo esto se topó con limitaciones. Incluso las fuerzas más avanzadas de la revolución no tenían un análisis suficientemente profundo de qué se trataría un futuro diferente o de qué se debería tratar, o cómo se podría luchar por una revolución y triunfar en este país contra un enemigo tan poderoso. No existió una dirección que tenía una estrategia desarrollada de cómo unir las muchas corrientes de resistencia y sentimientos radicales en los frentes político, cultural e ideológico en una fuerza poderosa para la revolución. O con un análisis no solo de cómo resistir la represión brutal del estado, sino avanzar bajo ella. El estado asesinó a más de 20 miembros del Partido Pantera Negra (incluidos líderes como Fred Hampton y George Jackson), encarceló a cientos de revolucionarios, despachó a la Guardia Nacional contra las justas rebeliones, baleó a estudiantes en las calles y vigiló y hostigó ampliamente a los movimientos. Además, se daban cambios y retos importantes en el movimiento revolucionario internacional y la marea alta global de los años 1960 estaba bajando, lo que también tuvo un efecto poderoso. Ante las limitaciones del análisis de cómo superar todos estos retos y la represión brutal de la clase dominante, la mayoría del movimiento de ese tiempo le dio la espalda a la revolución.
A comienzos de los años 1980, la mayor parte de lo que ha sido el movimiento de los años 1960 se había quedado aplastada, sin rumbo, o cooptada. Al mismo tiempo, había enormes cambios políticos y económicos en el mundo. Un golpe del estado derrocó a la dirección revolucionaria de China después de la muerte de Mao Tsetung, lo cual desmoralizó y desorientó a muchos que habían visto en China una fuente de esperanza y apoyo. Mientras tanto, se trasladaron muchas chambas a las afueras de las ciudades o a otros países donde era posible explotar de manera aún más vil a la gente. Los centros urbanos llegaron a ser zonas de desastre económico. Eso fue el resultado de las medidas (incluida la decisión deliberada en muchos casos de ubicar los trabajos lejos de los ya más rebeldes y desafiantes trabajadores negros) y, en lo esencial, el peso del incesante y agitado afán del capital a expandirse o morir — de buscar constantemente la tasa de ganancias más alta o venirse abajo debido a la competencia.
Las concesiones que se habían arrancado mediante la lucha de los años 1960 se estaban dando marcha atrás — el fin de la acción afirmativa, la integración esencialmente muerta, y el welfare que pronto se iba a destripar de plano. Hoy, más de una generación vive una situación en que muchos nunca han tenido una chamba y no tienen posibilidades de tener una jamás (no a causa de sus propias acciones). El gobierno inundó los barrios con drogas, las cuales llegaron a ser la vida económica principal de estos barrios, una especie de base que “fijaba la pauta” para las demás actividades económicas y sociales. Al mismo tiempo, se desencadenó la “guerra contra las drogas”, que no fue sino una guerra contra el pueblo — con las detenciones y los encarcelamientos por las nubes. En 1970 había 330.000 en prisión — hoy hay 2.3 millón. Hoy, casi la mitad de la gente en prisión en Estados Unidos es negra. De hecho, la tasa de encarcelamiento de gente negra es la más alta del mundo.
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Al entender todo esto, resulta claro que la violencia en el seno del pueblo no causó estas condiciones. Ni es esta violencia un “virus” — es una reacción frente a las condiciones de opresión implacable en que parece que no haya ninguna esperanza real de cambio. Es el sistema, con su mentalidad de competencia despiadada, que crea y perpetúa estas condiciones. El incesante afán de ganancias y más ganancias propulsa este tinglado capitalista imperialista, y un elemento clave y dinámico es la superexplotación y la opresión sistemáticas del pueblo negro y otros oprimidos. Esas dos cosas —el sistema capitalista como base de este país, y la supremacía blanca que recorre toda esta sociedad y ha sido inextricablemente entrelazada con ella desde el Primer Día— son las causas del problema, no ningún “virus” de mentiritas.
Además, estas condiciones no “existen” en abstracto. Un aparato estatal de la chota, los tribunales y las prisiones las impone brutalmente. Algunas personas nos dicen que la chota es solamente “otra pandilla”. ¡Ni modo! Tal vez algunos polis estén en pandillas, pero como una institución los polis son los agentes a sueldo de todo sistema de explotación y opresión.
Otra vez desde un punto de vista más amplio, lo que se ve es la criminalidad absoluta de este sistema, que mantiene a la gente en los centros urbanos acorralada y encerrada, dejada a pudrirse y matarse entre sí, y luego que se muera y vaya a dar al bote cuando caiga en esta trampa.
El argumento de Kotlowitz y Slutkin no va a mejorar nada. Para colmo, no importa el propósito, justifica y fortalece la mano de un estado opresivo con sus prisiones y policía brutales y asesinas.
Tenemos dos preguntas para Kotlowitz: Primero, si cada varón negro en una pandilla en East St. Louis, Chicago, Harlem u Oakland dejara su pandilla, renunciara a la violencia y el crimen y se inscribiera en estudios superiores en un programa de diseño digital o un programa de certificación sobre redes de computadores, ¿qué sucedería? La pura verdad es que no habría trabajo para la gran mayoría de ellos. De hecho, un estudio reciente mostró que la tasa y la cantidad de negros en el campo de la tecnología de la informática disminuyeron en comparación con ocho años atrás — no porque la gente no estaba calificada, sino porque, según Gina Billings, presidenta de la Asociación Nacional de Capturistas Negros, la globalización ha subcontratado el trabajo a países del tercer mundo, y de nuevo los profesionistas negros se hallan atrapados en la trampa de “los últimos contratados, los primeros despedidos”.
Así que aunque de repente todos los pandilleros tuvieran suficiente capacitación para una buena chamba, los emplearían solamente si eso fuera rentable para el capital. Además, esas chambas no existen — no porque la sociedad no las necesita, sino porque no son rentables. Como la clase dominante de capitalistas reconoce esto, NO ofrece programas de capacitación, etc. de modo serio porque no quiere elevar las expectativas de la gente y arriesgar que haya rebelión social cuando no se satisfagan esas expectativas.
Segundo, a la inversa, ¿qué sucedería si después de una revolución, con una nueva economía socialista basada en la transformación de las condiciones para eliminar las añejas divisiones opresivas de la sociedad y satisfacer las necesidades del pueblo y a la vez apoyar la revolución mundial, esta sociedad SÍ ofreciera a cada joven negro una oportunidad de educación y trabajo con sentido de los que pudiera vivir? En una sociedad revolucionaria, no habría desempleo porque el empleo no dependería si fuera rentable para el capital; la gente tendría empleo inmediatamente, para solucionar los muchos problemas urgentes de la sociedad. En esa sociedad completamente nueva, la violencia en el seno del pueblo rápidamente disminuiría a medida que echaran raíces los nuevos valores y cosmovisión entre las personas.
Solamente si analizamos correctamente la fuente de las condiciones del pueblo, la cual omite Slutkin y Kotlowitz, podemos entender que la relación entre las condiciones, ideas y acciones de la gente no es “estática”, como dice Kotlowitz, y aún más de fondo, que ¡las cosas no tienen que ser así! En el proceso de reconocer el problema concreto y cambiar radicalmente las condiciones, la gente puede transformarse a sí misma de manera cualitativa y liberadora.
Bajo este sistema, obligan a las personas a vivir de acuerdo a la lógica de “¿qué hay para mí?” y las meten en una competencia entre sí. Esta es la lógica y la dinámica del capitalismo en general, y se intensifica cuando la gente está peleando por migas en una situación en que cada miga importa. La gente se ve obligada a meterse en chanchullos para subsistir y aunque hay ejemplos importantes de cómo las personas se unen para ayudarse mutuamente, este tinglado de competencia entre las personas hasta socava eso2 .
Al igual que en la sociedad en general, hay una cultura y concepción del mundo ligados a esto — “Tengo que agarrar a lo mío, tengo que conseguir lo que pueda en esta situación”. Esta lógica pesa y tiene coherencia.
Un joven del barrio sur de Chicago que ha estado preocupándose muchísimo acerca de la violencia alrededor de sí, sostiene que no es solamente la necesidad económica que empuja a los jóvenes a las pandillas — también es una aspiración que se siente muy profundamente.
Sí, muchos aspiran a ser no solamente parte de este juego sino sacarle provecho, y las condiciones materiales más amplias en que vive la gente moldean esas aspiraciones y estas están encerradas en las mismas.
Las pandillas y “la vida” son justamente eso — todo un modo de vida, con una economía y moral que infunden en barrios enteros valores y un punto de vista del “código de la calle”. Esto se divide agudamente en dos porque, por un lado, es un reflejo en pequeño de las relaciones más grandes y la dinámica y la moral de competencia brutal de la sociedad. Pero por otro lado, tiene un elemento de “proscrito chinga al mundo” — en que la gente desea hacer frente y aparentemente están haciendo frente el sistema entero.
En esta dinámica, que refleja los valores de la clase dominante de la sociedad, eres presa o predador. Cuando alguien mata a uno de los tuyos, tienes que matar a uno de los suyos. Según esta lógica gangsteril, si no lo haces, no has tomado partido con tu gente y sales con apariencia de débil. El “código de la calle” incluye una mentalidad de “que mates o que te maten” y un círculo vicioso de balaceras aparentemente interminables contra otros que están en las mismas condiciones que tú.
También está el atractivo de “ser alguien que importa” que no se puede alcanzar en ninguna otra parte de la sociedad estadounidense. Aparte de salir adelante en la Asociación Nacional de Baloncesto o en la música hiphopera (que es casi tan probable como sacar la lotería), ¿cómo puedes distinguirse? Un joven del barrio oeste de Chicago describió “la vida” como solo otra manera de “perseguir el sueño americano”. Ven alguien con un coche chévere y lo quieren porque con eso pueden expresar quiénes son y “cuánto valen”. De nuevo, se refleja una sociedad en que el valor de la gente se mide de acuerdo a las mercancías que tienen o no tienen.
Todo esto se impone y se mantiene un millón de veces de un millón de maneras por medio de la cultura y el funcionamiento generales del sistema. En No hay niños aquí, Kotlowitz describe a un muchacho detenido por nada salvo ser negro. Habla de su experiencia con abogados y tribunales injustos y el impacto que esto le ha tenido — “jo’er, me tratan como un criminal, más vale sacarle algo también”. En la cultura, esto se ha promovido en películas como Superfly en los años 1970 y en Caracortada en los 1980, y el impacto continúa hoy. Junto con esto, se promueve el “rap gangsta” con el mensaje de que uno debe aspirar a “enriquecerse o morirse haciéndolo”.
Este modo de vida y el punto de vista que conlleva son una trampa. Incluso cuando alguien sí “llega a la cima”, todavía está en la cima de un juego el que le ha dado este sistema que existe a expensas de otros y que chorrea la sangre de otros que este sistema ha descartado.
Kotlowitz tiene razón cuando dice que “las personas que tienen pocas esperanzas para el futuro viven de modo temerario”. Pues, de nuevo, hagamos la pregunta: ¿qué clase de sistema, qué clase de sociedad les da pocas expectativas del futuro o ninguna a generaciones de jóvenes?
Hay una salida de todo esto hoy —ponerle fin a este sistema de una vez por todas por medio de la revolución y la creación de un sistema radicalmente diferente— el socialismo en el camino a un mundo comunista.
Con el poder estatal en las manos del pueblo, se puede reorganizar la sociedad para satisfacer las necesidades del pueblo, desencadenando la creatividad y el potencial de millones de personas, a las que la clase de sistema que tenemos hoy está destruyendo. En esta nueva sociedad, el estado —en lugar de ser una fuerza de explotación, opresión y represión— apoyará al pueblo a trabajar para resolver toda clase de problemas, no solamente para sí mismo sino para toda la humanidad y como parte de la revolución mundial. A diferencia de la sociedad en que vivimos, que no da nada salvo un futuro horroroso o ningún futuro para la juventud, en una sociedad socialista la juventud será una fuerza dinámica para moldear el futuro. Sus ideas y sus luchas se valorarán, la sociedad aprenderá de ellas, se desencadenarán su iniciativa y actividad… y contarán con dirección, con el objetivo de seguir revolucionando toda la sociedad y gestando un mundo comunista libre de toda explotación y opresión.
Por esto vale la pena vivir y morir. Pero solamente puede basarse en LUCHAR CONTRA el sistema, y no “colaborar con él” para mantener de alguna forma la situación bajo control. Urge ahorita mismo gestar un movimiento revolucionario que rompa con los confines mortales de la situación actual, que desafíe la situación en los barrios y la sociedad más amplia y que con ello dirija a las masas a forjar un movimiento y una cultura revolucionarios que realmente pueda empezar a cambiar el rumbo.
Hay que arrancar el enorme potencial de esto a los horrores actuales. El hecho de que estos jóvenes están enajenados en gran parte de este sistema y del “modo de vida americano” en general y la sensación muy palpable de que no haya futuro para ellos — es por un lado parte de por qué necesitamos una revolución para barrer todo esto de una vez por todas, y por otro es una parte crítica de dónde se halla la base para esa revolución. Todos estos factores a los cuales responden especialmente los jóvenes —el hecho de que estos jóvenes verdaderamente no tienen nada que perder bajo este sistema— son las mismísimas fuerzas motrices que pueden hacer que actúen en una dirección completamente diferente si esa ira, enajenación y rebeldía se apuntaran a la fuente del problema y se templaran y se transformaran con la ciencia revolucionaria y una moral de liberación. Tal revolución solo puede tomar lugar cuando las condiciones cambien radicalmente —cuando toda la sociedad esté en una crisis profunda y un pueblo revolucionario emerja de millones y decenas de millones—, pero urge llevar a cabo ahora el trabajo para acelerar mientras se guarda tal situación, trabajar ahora para gestar un pueblo revolucionario llevando la lucha política, llevando a cabo el trabajo ideológico y transformando la actual polarización política desfavorable en la sociedad por medio de la lucha.
Esto quiere decir que una minoría tiene que ser el primero en entrarle hoy. Aun un puñado relativo de individuos que tiene sustancia y una columna vertebral revolucionaria puede tener un efecto electrizante, no solo en un barrio sino en la sociedad en general. Por medio de este proceso, de luchar para cambiar las circunstancias más amplias mientras que se aprende de la dinámica subyacente que da origen a esas circunstancias, las personas se transforman a sí mismas.
La dirección, visión, ciencia y organización necesarias existen ahorita mismo en el Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos. Este partido nació durante las luchas de los años 1960, y perseveró en la construcción de un movimiento revolucionario y en la búsqueda de soluciones para los problemas difíciles. Su líder, Bob Avakian, ha dirigido en el proceso de “trazar el camino no trazado” de cómo hacer una revolución en un país como este — y además, ha desarrollado la teoría científica y visión liberadora del comunismo, sintetizando profundamente la experiencia del pasado, aprendiendo de los grandes logros de las revoluciones anteriores, cuestionando profundamente sus deficiencias y errores y, al hacer todo eso, ha llevado el comunismo a un lugar totalmente nuevo. Avakian está dirigiendo a un partido que quiere hacer la revolución en serio, que quiere proteger en serio a su dirección y que quiere responsabilizarse en serio de dirigir a las masas a hacer la revolución en el mundo real.
Para que de nuevo se respire la revolución en esta sociedad (y alrededor del mundo) de la manera que se requiere, se necesita que las personas la hagan suya. Urge ahora que las personas de todas las capas sociales le entren. A todos los que se atrevan a soñar con un mundo mejor en que quedan atrás todos estos horrores para toda la humanidad: métete con la revolución, se emancipador de la humanidad.
Luchar contra el sistema, y transformar al pueblo, para la revolución
Notas
1. Kotlowitz es bien conocido por su importante libro, There Are No Children Here (No hay niños aquí), en que desenmascara las brutales condiciones de vida de la juventud de los multifamiliares Henry Horner, uno de muchos destruidos desde entonces. Escribió con gran compasión de la experiencia de dos niños negros que crecen en estas condiciones y cómo el sistema está organizado para que estos muchachos salgan reprobados — desde las escuelas hasta los tribunales. [back]
2. Un ejemplo inspirador de la gente que se ayuda mutuamente en condiciones brutales es la película Trouble the Water, en que los jóvenes de las pandillas rivales de Nueva Orleáns se unen para rescatar a personas durante el huracán Katrina, arriesgándose la vida propia. [back]
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Estamos entrando en las semanas finales de este período electoral muy cargado. A la vez que la candidatura de Obama está reforzando ilusiones mortales y atrayendo a la gente a apoyar esta nueva cara para el imperialismo, hay cierta apertura porque millones de personas están entrando en la vida política con la esperanza de un cambio verdadero.
Debemos estar en medio de todo esto con el nuevo libro de Bob Avakian, Communism and Jeffersonian Democracy [El comunismo y la democracia jeffersoniana], insertándolo en medio de esta efervescencia política muy contradictoria y luchando para que las personas le entren en ese libro muy estimulante. ¡Nadie aborda las realidades políticas de este sistema como lo hace Bob Avakian en este libro!
Se necesita difundir Communism and Jeffersonian Democracy muy ampliamente entre muchas corrientes de la vida política y académica: las universidades, las prepas, los movimientos progresistas, los abogados y los trabajadores legales, los intelectuales y los oprimidos; hay que entablar debate sobre la naturaleza verdadera de este sistema y la necesidad de la revolución comunista. La idea profundamente errónea de que la plena realización de los ideales democráticos de este país debe ser el eje de las luchas del pueblo para un mundo mejor es una idea arraigadísima entre todos los sectores de la población.
¡¿Cuántas personas tienen que leer y bregar con este análisis?! ¿Cuán diferente sería si la gente empezara a confrontar ampliamente qué significa el hecho de que los cimientos materiales de esos ideales democráticos descansan sobre la labor que rompía el lomo y la esclavitud que destruía el alma de millones de negros y la explotación continuada de millones y millones de personas que trabajan en condiciones de semi-esclavitud aquí y por todo el mundo?
Desafiar audaz y ampliamente los cimientos materiales y filosóficos de este sistema es un componente crucial de forjar un movimiento comunista revolucionario.
Este libro necesita venderse como pan caliente en las importantes universidades del país. Organicen visitas a las facultades de derecho y otras facultades importantes, como de ciencias políticas, historia, estudios afroamericanos, etc. Se trata de una obra muy erudita pero también muy radical, que desafía los fundamentos del pensamiento político de este país; es un libro con que profesores y ayudantes docentes tienen que bregar, debatir entre sí e incluir en su programa de estudio. Háblenles sobre la posibilidad de organizar salones y de presentar y discutir el libro en sus clases. Pongan una mesa en una plaza universitaria y distribuyan el libro ampliamente entre los estudiantes.
El libro tienen que distribuirse también en las prepas, para desafiar las mentiras y el discurso oficial acerca de la historia del país y las “grandes” tradiciones democráticas que hacen tragar a los estudiantes. Hablen con los maestros de prepa que conocen y pídanles permitir una presentación y discusión en la clase.
Distribuyan el libro en conferencias académicas y profesionales. En una zona, se organizó un taller sobre el libro en una conferencia de profesores progresistas.
Ese trabajo se tiene que acompañar también de esfuerzos para ofrecer el libro a librerías y bibliotecas en todas partes. Organicen un equipo para ir a las librerías de universidades, de la comunidad negra y otras librerías progresistas y alternativas. Hablen con los bibliotecarios para imbuirlos con entusiasmo por el libro y su perspectiva única. Eso puede conducir a la organización de discusiones y foros sobre el libro en las bibliotecas, lo que podría ser una buena manera de llegarle a las comunidades de oprimidos o un medio para organizar un club de libros para explorar los temas que este libro abarca.
Mientras seguimos distribuyendo el número especial de Revolución sobre “La opresión del pueblo negro, los crímenes de este sistema y la revolución que necesitamos” y debatiéndolo con sectores diversos, muchas de esas personas también van a querer conocer el libro y leerlo.
Por todo el país Libros Revolución está ofreciendo discusiones sobre el libro, y a raíz de esas se tienen que organizar nuevas juntas de personas de diversas clases y de diversas comunidades para discutir el tema.
“El comunismo y la democracia jeffersoniana” es una adición importante al “conjunto de herramientas”, o sea, la colección de escritos de Bob Avakian, y debe ser parte de lo que llevamos con nosotros cuando vendemos el periódico y entablamos discusiones con la gente acerca de todo lo que está aportando a un conocimiento científico de la sociedad y la revolución comunista.
Se puede descargar de revcom.us un volante de promoción del libro y reproducirlo. El volante debe aparecer en los recintos de las universidades, prepas, librerías, cafés y los lugares donde la gente se reúne o va de compras.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Sunsara Taylor hablará sobre este libro provocador de Bob Avakian a partir del libro y sus propias experiencias alrededor del país cuestionando la religión y el daño que hace.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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Respecto al ataque de John McCain a Bill Ayers, el gobierno de Estados Unidos mató a algunos millones de personas en la guerra de Vietnam. Bombardeó a ciudades y aldeas en ataques aterradores contra la población. La niña de la foto de arriba fue víctima de un bombardeo estadounidense en que se utilizó una gelatina incendiaria llamada “napalm”. John McCain era piloto durante esa guerra e hizo más de 20 ataques aéreos contra blancos como ella. McCain es un criminal de guerra. Y Barack Obama dice sobre ese hombre que “le honra por su servicio”.
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Revolución #146, 26 de octubre de 2008
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En el último debate presidencial, el moderador dijo: “Senador McCain: usted cree que hay que anular Roe vs Wade. Senador Obama: usted cree que no”. En la superficie, parece que son dos posiciones opuestas. Pero la realidad es que la posición de Obama sobre el aborto cede un terreno moral y jurídico importante a aquellos que quieren prohibir todos los abortos (y el control de la natalidad).
En el debate, Obama pidió hallar “puntos en común” entre “aquellos que creen en el derecho a decidir y aquellos que se oponen al aborto”. Pero ¿cuáles “puntos en común” pueden existir entre las fuerzas implacables y poderosas ligadas a la cúpula en la sociedad que quieren prohibir todos los abortos (y el control de la natalidad), por una parte