Revolución #142, 7 de septiembre de 2008

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Revolución #142, 7 de septiembre de 2008

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LA SITUACIÓN OBJETIVA, EL RÉGIMEN DE BUSH Y LAS ELECCIONES BURGUESAS

Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos

Nota de la redacción: A continuación presentamos un pasaje de una charla que dio Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, a un grupo de miembros del partido anteriormente este año. En preparación para su publicación, se revisó el texto y se le agregaron unas notas.

Quiero señalar algunas cosas sobre la coyuntura actual y examinar, o al menos identificar, algunos problemas serios que tienen los imperialistas dominantes así como las maniobras y las luchas en diferentes sectores de estos imperialistas, y los retos y las oportunidades que todo eso plantea para nosotros.

Para comenzar, está el régimen de Bush — su orientación y sus opciones. Esto es algo que tenemos que estudiar más, pero es cierto que Bush y compañía ya no han abandonado su programa básico, y es seguro que oiremos más de estas personas en los meses entrantes, p.e., muy probablemente al nivel táctico de tratar de influenciar el resultado de la próxima elección. De hecho, también suspender la elección no es totalmente imposible — no digo que eso ciertamente va a pasar, pero no es totalmente imposible. Debemos entender que hay cierto núcleo en el régimen de Bush y en torno a él que se siente que las cosas van muy bien con su programa —ya que su “aumento” en Irak trae resultados, desde su punto de vista—, que en general todo les va bien, aunque tienen problemas en Afganistán , Pakistán, Líbano, etcétera. Así que la idea de que estas fuerzas van a desaparecer, o que varias fuerzas asociadas con ellos, como los fascistas cristianos, van a desaparecer, es una ilusión que es una buena expresión del punto vista expresado en la frase de la película original Buffy la cazavampiros: “Ay, eso es totalmente de hace cinco minutos”. Es decir, expresa muy bien la tendencia muy estadounidense de ver, de manera muy empirista, solo lo que pasa en este momento, sin importar la historia ni las tendencias y patrones mayores. Así que no debemos caer en eso — debemos combatir las tendencias de ese tipo, en nuestras filas y más ampliamente.

Hay más que decir sobre el régimen de Bush, pero no hay duda de que sigue siendo un elemento importante de la situación. Esas personas van a perseverar con su programa, y debemos estar preparados para lo que pase en relación a eso, tal como los sucesos que no son inmediatamente obvios ahora. También está la cuestión fundamental de si Bush y Cheney (y lo que representan en términos de las fuerzas de la clase dominante) simplemente van a dejar que entre otro programa, aunque represente un leve ajuste en lo que hacen — si van a confiarles lo que han puesto en marcha a otras fuerzas de la clase dominante, especialmente aquellas que consideran, en el mejor de los casos, totalmente incapaces de continuar con lo que hay que continuar (y, según ellos, lo que representa Obama casi ciertamente cabe en esa categoría).

Junto con eso, están el impulso y la necesidad, de una dimensión importante, que creó el régimen de Bush y su programa y lo que ha hecho y ha puesto en marcha, para la clase dominante. Es un punto que voy a explorar brevemente en adelante.

El Mundo No Puede Esperar y la importancia de hacer un balance, sobre una base científica

Pero, antes de eso, quiero dar un rodeo importante, por así decirlo, para esbozar un balance, que se puede ampliar más en otra ocasión, con relación a la experiencia hasta ahora de El Mundo No Puede Esperar — para indicar algunos “contornos” básicos de ese balance más completo, que hay que hacer en el período que viene, con la participación de nuestros propios camaradas, además de otros activistas involucrados con El Mundo No Puede Esperar, en la elaboración de este balance en relación correcta con el proceso de seguir forjando resistencia contra los crímenes del régimen de Bush y este sistema en general. Esto es importante principalmente porque, sobre la base de la experiencia muy extensa y rica de El Mundo No Puede Esperar, incluidas las deficiencias muy reales, hay una fuerte necesidad de que nuestros propios camaradas (y no solo aquellos cuya área de responsabilidad ha sido El Mundo No Puede Esperar), además de muchos otros quienes han estado participando en El Mundo No Puede Esperar, y gente más ampliamente, tengan a su disposición un balance más global de parte de nuestro partido — cómo nuestro partido ve este trabajo y nuestra evaluación de lo que se ha logrado y lo que no, cuáles lecciones hay que sacar y en vista del futuro, cuáles son los retos para cumplir al respecto. Segundo, es importante porque ciertos oportunistas se han puesto a sacar provecho y sembrar confusión y distorsiones acerca de esto.

Como perspectiva general, en cuanto a cómo nuestro partido abordó esto, nuestra orientación de trabajar e intentar unirnos con otros, para iniciar El Mundo No Puede Esperar, se basó en varios factores que ofrecían la posibilidad —no la certeza pero la posibilidad— de cumplir con la gran necesidad de gestar un estallido masivo de resistencia política al régimen de Bush y su programa criminal; y desde el punto de vista de nuestro partido y nuestros objetivos fundamentales, vimos y abordamos esto como parte de una orientación estratégica mayor de trabajar para lograr una repolarización en la sociedad más dispuesta a la revolución. Los factores que indicaban la posibilidad de hacer esto incluyeron:

La manera en que se resolvió la elección presidencial de 2000 —por una decisión de la Corte Suprema que puso a Bush en el poder— resultó en un sentimiento muy extendido de que un régimen ilegítimo tomaba al poder (dirigido, al menos en nombre, por Bush).

Bush, et al., mintieron con descaro y arrollaron a la oposición, al lanzar la guerra contra Irak; y aunque la manera en que este régimen siguió con esta guerra, ante una oposición masiva poderosa, desmoralizó a muchas personas que se oponían a todo esto, también profundizó la ya profunda enajenación y asco tenidos por grandes sectores de la sociedad hacia el régimen de Bush.

Aunque la “reelección” de Bush de 2004 fue otro factor desmoralizador para muchas personas quienes se oponían a la guerra de Irak y toda la dirección en que el régimen de Bush llevaba la situación, el hecho de que Bush conducía de manera agresiva la guerra de Irak y su programa en general, mientras que los demócratas, tal como concentraba su candidato de 2004 Kerry, nunca opusieron una oposición de importancia a la guerra de Irak y pregonaron con mucho mayor énfasis que podrían conducir mejor la “guerra contra el terror” y que Kerry sería un comandante en jefe mejor que Bush —, aumentó la indignación que tenían muchísimas personas hacia Bush y aumentó más la enajenación que tenían respecto al Partido Demócrata.

Sobre la base de estos y otros factores —tal como la experiencia de No En Nuestro Nombre (NION) y su papel de aglutinar e inspirar oposición a la guerra de Irak y al programa del régimen de Bush en general, en particular en el período (aprox. del verano de 2002 a la primavera de 2003) en que el régimen de Bush se movilizaba y se preparaba para la guerra de Irak—, nuestro partido analizó que, tras las elecciones de 2004, había tanto una gran necesidad como una verdadera posibilidad de transformar la amplia y profunda “reserva latente” de asco y indignación hacia el régimen de Bush en una oposición y resistencia políticas masivas y que, en esas condiciones nuevas, después del lanzamiento de la guerra de Irak por el régimen de Bush y los resultados de las elecciones de 2004, se necesitaba una declaración nueva para unir a la gente y un nuevo medio de darle expresión organizada a esta oposición y resistencia políticas masivas — y todo eso llegó a expresarse en la organización El Mundo No Puede Esperar y su “convocatoria”1.

Particularmente desde el punto de vista de nuestro partido, eso representó un reconocimiento de la situación en que el régimen de Bush estaba decidido a seguir adelante con su cruzada de guerra y represión, mientras los demócratas en parte apoyaban eso y en parte estaban paralizados en materia de montar alguna verdadera oposición a las cosas con que no estaban de acuerdo, lo que dejó a decenas de millones de personas en una situación en que, si fuesen a dar expresión a su oposición profundamente sentida a todo eso, tuviesen que hacerlo mediante acciones políticas históricas independientes (y, de nuevo, desde el punto de vista de nuestro partido, eso fue parte de una orientación estratégica mayor de trabajar por repolarizar la situación en una dirección más favorable para la revolución — y como parte de eso, en esta situación específica, aprovechar las contradicciones en la clase dominante, además de entre diferentes sectores de la clase dominante y las masas, al servicio de nuestros objetivos revolucionarios fundamentales).

Pero repasemos detenidamente unas maneras particulares en que se expresaron las contradicciones ligadas con eso, y los giros y vueltas y los altibajos en relación a los esfuerzos de El Mundo No Puede Esperar. En todo eso, por supuesto, es crucial reconocer la debida importancia del 11-S y sus repercusiones —lo que ocurrió entonces, cómo estaba el ambiente entonces, qué impacto tuvo todo eso en este país y en el mundo, y las maneras en que particularmente el régimen de Bush aprovechó todo eso en el proceso de llevar a cabo su programa— y, ante eso, la importancia del análisis hecho en “Los grandes retos de la nueva situación”2 y lo que se requirió en ese momento respecto al reto de construir un movimiento contra la guerra y un movimiento de oposición en general. De nuevo, es crucial no ignorar ni subestimar el significado de lo que se logró plasmar en los variados esfuerzos en torno a No En Nuestro Nombre.

En 2002 había una convocatoria, de NION, a un masivo estallido de oposición, particularmente en el Parque Central de Nueva York, en octubre de aquel año. Se preparó para eso, en parte, a través de esfuerzos importantes y avances concretos, popularizando una Promesa de Resistencia y celebrando reuniones y otros actos organizados basados en ella. Creo que he contado esta historia antes, pero recuerdo que veía la CNN el 6 de octubre de 2002, sabiendo que el reto fue de movilizar a 10.000 personas en el Parque Central ese día, y luego el texto corrió al pie de la pantalla: “10.000 personas se manifestaron en el Parque Central de Nueva York hoy en contra de la guerra de Irak”, y brinqué, lo más alto que podía, de alegría. Bien, regresando a los preparativos para eso, había una frase que teníamos —tal vez algunos de ustedes la conozcan— “llenar la piscina”. Fue una metáfora para movilizar a las masas para cumplir con lo que se necesitaba hacer con esta manifestación en octubre de 2002. Fue una manera de decir: claro que hay una necesidad objetiva para esto y hay una base objetiva para esto, pero si no hacemos el trabajo, todo va a fracasar —va a ser como tirarse desde una gran altura hacia una piscina vacía—, así que tenemos que hacer el necesario trabajo para llenar la piscina, tenemos que hacer que salgan y se manifiesten las masas acerca de esto.

Ésa fue nuestra orientación. Es importante enfatizar que de ninguna manera se daba por sentado que esto sucediera solamente porque había una necesidad objetiva y una base objetiva. En ese caso, se logró “llenar la piscina”. De hecho, el número de manifestantes en el Parque Central ese día no solamente cumplió pero superó enormemente lo que se proponía hacer — y lo que se consideraba como el necesario número de personas para tener un impacto político muy significativo: 10.000 personas. Llegado el momento, unas 25.000 personas se manifestaron en el Parque Central ese día. Una persona prominente —que firmó la declaración de NION— expresó el significado de lo que pasaba, entre otras cosas, diciendo poco antes de esta manifestación en el parque: “Bueno, hay una necesidad de resistencia, y NION está tomando la delantera en eso ahora”. El éxito de esa manifestación en el parque y la creciente ola impulsora antes concentraron un sentimiento palpable de que esto había abierto paso por entre el temor general de que no se pudiera oponerse a todo eso en ese momento, después de ese “nuevo Pearl Harbor” (11 de septiembre de 2001). No debemos olvidar eso y al hacerlo caernos en el empirismo y el pragmatismo de otros en la valoración de la situación.

Después, había otros estallidos de oposición aún más grandes, especialmente en los últimos meses antes del inicio, de parte del régimen de Bush, de la guerra de Irak. En una medida demasiada grande, la gente tiene memoria corta en este país. Muchas personas —entre ellas muchas quienes tomaron parte en esta manifestación masiva de oposición— olvidaron que salió un artículo en el New York Times por los tiempos en que se inició la guerra de Irak, que habló de “dos superpotencias” en el mundo — los Estados Unidos, y la opinión pública masiva en contra de lo que estaba haciendo el régimen de Bush, particularmente la guerra de Irak. Ahora, solamente unos pocos años después, a menudo la gente dice: “Ya tratamos de protestar, y no funcionó”. Bueno, ¡¿y qué tal tener una perspectiva un poquito más amplia?! ¡Hacer que el New York Times escriba que estas manifestaciones representaron “otra superpotencia” es funcionar de algún modo! Digo, ¡hazme el favor! Pero el que la guerra empezara porque Bush y su régimen estaban decididos de lanzarla (acuérdese la declaración de Bush en aquel momento: “No trabajo según lo que dicen los grupos focales”, en otras palabras, “¡Vete pa’l carajo, sigo adelante con esto!”) y porque otros sectores de la clase dominante estuvieran al menos conformes con eso, afectó a la gente de una manera similar a lo que acabo de referirme, con algún sarcasmo (“Ya tratamos de protestar, y no funcionó”). No obstante, también con eso, en el tiempo transcurrido desde el comienzo de la guerra de Irak, ha habido otras manifestaciones importantes contra de esa guerra y otros atropellos. Pero el hecho es que la manera en que Bush siguió adelante y lanzó la guerra de Irak, ante la oposición masiva abierta, tuvo un efecto de enfriar y acabar con una parte del sentimiento de rebeldía y resistencia de grandes cantidades de personas, porque éstas se toparon con el hecho de que todo eso es mucho mayor de lo que pensaban. En un grado significativo, esa experiencia despejó sus ilusiones, y eso ha tenido, principalmente y con algunas contradicciones, un efecto desmoralizador y desmovilizador, a corto plazo.

Luego había otros fenómenos importantes que incidieron en todo eso. Había, en el contexto de las elecciones de 2004, otro estallido masivo de protesta, en torno a la oposición a la guerra de Irak y el régimen de Bush, en la sede de la convención del Partido Republicano en 2004, en la ciudad de Nueva York: Muchas fuerzas diferentes trabajaron para organizarla, y cientos de miles de personas, tal vez medio millón, participaron. Es cierto que esperábamos —y trabajábamos para ver— un millón de personas en las calles en esa ocasión, pero medio millón de personas no es poca cosa. No obstante, el efecto de la “reelección” de Bush fue aún más desorientador y de maneras importantes desmoralizador, para la gente — en gran parte precisamente porque todavía veía la situación y trabajaba en el marco establecido de la política dominada por la burguesía, aunque se oponía a la dirección en que esa política impulsaba la situación bajo el régimen de Bush.

Para nosotros, todo eso es parte del terreno objetivo. En este contexto, quiero contar una historia de un tipo que militaba con “MoveOn” (novananingunaparte.uff!) que trataba de influir a partidarios de Bush del “centro de la patria”. Enseguida les daré los pormenores de la historia; pero antes, examinemos un poco el papel de “MoveOn”. Su papel fue precisamente de encauzar al descontento y la oposición masivos y amarrarlos de regreso al marco establecido. Acuérdese que un elemento importante de la situación fue que el Partido Demócrata padecía una parálisis política en el período previo al comienzo de la guerra, y en particular en la manera en que eso se expresó en relación a las elecciones del Congreso de 2002. “MoveOn” jugó un papel muy deliberado —no tienes que ser creyente de las misteriosas “teorías de conspiraciones” para creerme— de encauzar ese descontento y oposición y devolverlos al redil del Partido Demócrata y en el proceso de hacerlo, robarles de toda fuerza política de peso. Es con eso en mente que podemos entender bien el significado de la historia de este tipo que militaba con “MoveOn” —que, al tiempo de la Convención Republicana, pidió que sus simpatizantes llamaran por teléfono a personas en el “centro de la patria” para que, mediante persuasión y convencimiento, se opusieran a Bush votando por Kerry. Así que muchas personas con “MoveOn” eran de las zonas costeras (los “estados azules” en la rollería electoral burguesa de entonces). Este tipo a que me refiero era de Nueva York, y contó que, al hablar con una mujer que apoyaba a Bush de la región central de Estados Unidos, le decía claro a ella: “¿Cómo es que nosotros de Nueva York, donde tuvo lugar el 11-S, nos oponemos a todas esas cosas que hace Bush? Si alguien estuviera a favor de la venganza, etcétera, debería ser nosotros, pero nos oponemos a todo esto. ¿Cómo explicas eso?” La mujer le respondió: “Porque ustedes están totalmente desconectados”. Parece que eso desorientó y desmoralizó de pies a cabeza a este tipo — por lo visto él aceptó que, después de todo, gente como él estaba desconectada de la realidad, o al menos desconectada de los Estados Unidos “mayoritarios”.

En esencia, esta es la misma manera de pensar que aquella que sostiene que el verdadero impacto de los años 60 fue elegir a Nixon y en general “fortalecer la derecha” de Estados Unidos. Cuando miras la situación en ese marco estrecho y según esos términos burgueses, precisamente llegas a las conclusiones equivocadas.

Pero, como tantas personas “progresistas” aún han estado mirando la situación desde esa perspectiva, un aspecto importante de las elecciones de 2004 fue que tuvieron un impacto negativo de desorientarlas y desmoralizarlas, a la vez que las enajenaron y las encabronaron más en cuanto a lo que veían como la “falta de madera” de los demócratas ante Bush y los republicanos. Eso también explica en gran medida el impacto en dichas personas cuando los demócratas ganaron una mayoría en ambas cámaras del Congreso en las elecciones de 2006. Recuerdo que veía en la televisión, cuando Nancy Pelosi salió ante las cámaras la noche de las elecciones y, ahí mismo, “reinterpretó” lo que hacía la ciudadanía — por qué votó por los demócratas. Ella le dijo por lo que votó; lo que dijo, de manera muy importante, contradecía los verdaderos sentimientos y objetivos de la ciudadanía. En efecto, dijo: sin importar para lo que ustedes consideraban (o esperaban) que votaron, he aquí lo que van a obtener.

Bien, si recuerdas el día 2 de noviembre de 2005, de la primera movilización masiva a que convocó El Mundo No Puede Esperar, había un importante estallido de protesta, con paros muy importantes de jóvenes de escuelas secundarias en esa ocasión, aunque en general los resultados quedaron cortos en comparación con lo que se necesitaba y lo que El Mundo No Puede Esperar había impulsado. Pero había, durante ese mismo período, una tendencia muy clara de parte de gran cantidad de personas “progresistas” a cobijarse bajo el ala de la burguesía, lo que incidía en la dirección opuesta a lo que encarnaba El Mundo No Puede Esperar y a la movilización que logró organizar en noviembre de 2005. Cuando se convocó a la protesta del 5 de octubre de 2006, una base e intención de la misma fue desafiar esa tendencia espontánea, tratar de desviarla hacia la actividad política significativa en oposición al programa del régimen de Bush.

Ésta fue otra situación en que había una necesidad de “llenar la piscina” de nuevo. Ahora, en ese día, si bien había algo de agua en la piscina el 5 de octubre, (para continuar la metáfora) no había suficiente cuando se saltó desde el trampolín. Pero, como somos materialistas y somos dialécticos, sabemos que eso es parte del proceso. No quiero hablar en términos de “todología” y que “todo va bien”, y que no tenemos que examinar las deficiencias, sean menores o grandes. Pero quedarse corto de esta manera va a pasar a veces, aun cuando lo que se hace es importante y correcto, cuando no solamente hay una necesidad sino también la base para lo que se propone hacer. En el otoño de 2002 una posibilidad fue que en la manifestación a que se convocó en el Parque Central, la “piscina” no se llenara lo suficiente, que la cantidad de manifestantes pudiera haberse quedado corta de lo que se necesitaba y a que se convocaba. Bien, por razones especificas el 6 de octubre de 2002 tuvo resultados distintos a aquellos del 5 de octubre de 2006, pero no había ninguna garantía absoluta, grabada en mármol, de que hubiera resultados positivos y la situación tal vez sobrepasara las expectativas en 2002; ni que, por otro lado y en sentido negativo, se diera una situación predeterminada o casi a ciencia cierta de que las cosas no se acercaran en nada a lo que se convocó para el 5 de octubre de 2006. En cada caso, había una necesidad objetiva y había una base objetiva; pero, en palabras sencillas, en un caso ganamos y en otro caso perdimos, hablando en un sentido general de “nosotros” y no solamente de nuestro partido en sí. Si uno cree que quedarse corto y tener reveses serios no será parte del proceso de ir en contra de lo que está confrontando, en términos de forjar la resistencia, además del proceso general de hacer la revolución, pues eso refleja una manera muy pragmática y empirista y obviamente no científica de ver la situación y las cosas.

Por necesidad, este balance mío es elíptico y abreviado, y de nuevo hay que desarrollarlo más, pero si comparamos No En Nuestro Nombre de 2002 y El Mundo No Puede Esperar de 2005, y sobre todo de 2006, podemos decir sobre una base científica que en cada caso, había la misma orientación y enfoque básicos, pero tomaron en cuenta y trabajaron para resolver ciertas particularidades diferentes. Había la misma evaluación fundamental de una necesidad y de una base objetiva, pero los resultados tuvieron diferencias en sentidos importantes. Sí, tenemos que resumir eso más profundamente, pero nunca vamos a aproximarse hacia donde necesitamos llegar y nunca vamos a tener un balance correcto, si lo hacemos sobre una base de empirismo y pragmatismo, y específicamente a partir de pensar que a lo que estás convocando tiene una base real, que tiene una base material en el mundo real, pues tiene que dar resultado en una circunstancia particular (y, a la inversa, según la misma lógica pragmática y empirista, si no da resultado, pues seguro que no había una base y que fue un error haber convocado y trabajado para esa cosa particular).

Algo que siempre me ha parecido no completamente correcto tiene relación a la evaluación de la experiencia de El Mundo No Puede Esperar hasta ahora. Me refiero a la experiencia, y el balance hecho por el Partido Comunista de China con relación a la misma, de las primeras bases de apoyo a finales de los años 20 y a principios de los 30, durante la guerra popular de China. En un lapso de unos años en ese período, Chiang Kai-Shek libró cinco “campañas de cerco y aniquilamiento” a fin de eliminar esas nuevas bases de apoyo y las fuerzas comunistas que las habían liberado y que estaban defendiéndolas. Las primeras cuatro campañas fallaron. Con la quinta, unos militares alemanes asesoraron a Chiang Kai-Shek: aplicaron una estrategia diferente, con un proceder muy metódico — tomaron un territorio, construyeron blocaos y un gran complejo, y luego partieron de eso, de nuevo, para tomar más territorio, construir más blocaos y complejos militares, y así sucesivamente, de manera sistemática y paso a paso. Con la quinta campaña, lograron expulsar a los comunistas de las bases de apoyo, y por eso se emprendió la Gran Marcha de la que todos hemos oído, que cuando se inició no fue una cosa de maravilla, o sea, una maniobra militar brillante tomada a iniciativa de los comunistas (“Anda, emprendamos una Gran Marcha, pues suena como una manera buenísima de hacer avanzar la guerra popular”). No, fue una huida desesperada.

Siempre me molestaba, cuando fui a China y escuché presentaciones sobre de esta experiencia (y al leer sobre de ella), que había una tendencia a sintetizarla de esta manera: “Al combatir contra las primeras cuatro campañas de ‘cerco y aniquilamiento’, aplicamos la línea del presidente Mao correctamente —atrajimos al enemigo para que penetrara profundamente en las bases de apoyo, luego lo cercamos y lo hicimos pedazos poco a poco y los derrotamos—, pero ante la quinta campaña de “cerco y aniquilamiento”, tratamos de mantenernos en nuestra posición y ‘combatir al enemigo a las puertas’ y ‘defender cada olla y sartén’, y nos aplastaron y tuvimos que emprender la Gran Marcha”.

Para mí, esa recapitulación fue siempre demasiado “lineal” y simplista. Siempre me dije a mí mismo (si no a los camaradas chinos que presentaban este balance): “Vale, pero apuesto que les dieron una paliza de todos modos, ¡aunque hicieron las cosas de manera absolutamente correcta!” Fue demasiado fácil, demasiado ordenadito. Después de todo, el otro bando tiene algo que decir sobre lo que pasa, en la guerra y en general. También el enemigo saca lecciones de sus experiencias. Aplicar la línea correcta no necesariamente significa que vas a tener éxito en una situación particular o conjunto de circunstancias. Mao habló acerca de eso en el ensayo filosófico, “¿De dónde provienen las ideas correctas?” Dijo: Las fuerzas avanzadas a veces padecen algún fracaso, pero no a causa de que sus ideas sean incorrectas, sino de que la correlación de las fuerzas en lucha aún está en su contra. Ese es un análisis más materialista y dialéctico.

Al tener en mente estos puntos básicos de método y al regresar a El Mundo No Puede Esperar, en sus inicios en gran medida estaba partiendo de lo que cumplió No En Nuestro Nombre, pero de nuevo había algunas características muy diferentes en el “terreno” (o paisaje) político en ese momento y algunos nuevos obstáculos que tuvieron que vencer, mientras que las cosas se dividían en dos debido a la experiencia anterior de No En Nuestro Nombre y otros repuntes de resistencia, y la respuesta de clases diferentes, entre ellas, en particular, la clase dominante. Habían surgido, o habían cobrado más peso, tendencias contradictorias desde el auge de No En Nuestro Nombre y por lo general la oposición a la inminente guerra de Irak y el rumbo del gobierno de Bush.

Un fenómeno que se tuvo que resolver fue la actitud de muchos que anteriormente se unieron con la campaña de No En Nuestro Nombre — su insistencia de que estaba mal luchar directamente contra el régimen de Bush y, específicamente, tratar de movilizar a la gente en apoyo al objetivo de sacar corriendo al régimen de Bush, por medio de oposición y resistencia políticas masivas. Además, como sabemos, ciertos oportunistas han aprovechado el hecho de que, al menos hasta ahora, la campaña de El Mundo No Puede Esperar se ha quedado corta de su objetivo de movilizar resistencia política masiva al programa y los crímenes del régimen de Bush, a fin de atacar la campaña y específicamente la labor de nuestro partido en relación a esta. Entre otras cosas, estos oportunistas han dicho que no se puede hacer lo que El Mundo No Puede Esperar se ha puesto a hacer sin construir coaliciones y organizar bases. ¿Pero han llevado a cabo alguna investigación científica estos “detractores”, o han hecho algún balance científico de lo que El Mundo No Puede Esperar ha hecho al respecto? Por supuesto que no. Esto nos recuerda la muy perspicaz y aún muy pertinente declaración de Mark Twain hace más de un siglo — de que lo que se necesita para vivir en Estados Unidos es la combinación perfecta de ignorancia y arrogancia. Al comienzo, El Mundo No Puede Esperar con su núcleo, de gente de nuestro partido y algunos individuos más, asumió una orientación sistemática de acercarse a muchas fuerzas diferentes, entre ellas, muchas fuerzas que habían estado participando con No En Nuestro Nombre, reconociendo que oponerse al régimen de Bush y buscar sacarlo corriendo fue un salto más allá de lo que representaba oponerse no más a la guerra de Irak. Pero muchas personas y grupos “progresistas”, en su mayoría con al menos un pie firmemente en el campo del Partido Demócrata, resistieron y se opusieron a lo que decía el núcleo inicial de El Mundo No Puede Esperar. Una de estas personas lo dijo de una manera muy concentrada y sucinta, expresando un sentimiento que existía en general en muchas de estas fuerzas, particularmente aquellas con un enfoque reformista más consciente y constatado y vínculos al Partido Demócrata: cuando platicaron con esta persona acerca de los objetivos sintetizados en El Mundo No Puede Esperar y lo instaron a unirse con éste, dijo simplemente: “Por favor, no me hagas esto”. O sea, decía que se le estaban aumentando las apuestas. ¿Pero las subían arbitrariamente como un acto de idealismo y voluntarismo, o por necesidad y, sí, porque había una base así como una gran necesidad de hacerlo?

Se suscitó la pregunta entonces y tenemos que volver a examinarla ahora con la mente clara: ¿se debería dejar que las fuerzas que están en gran parte en los círculos del Partido Demócrata, o que al menos tienen un pie fuertemente ahí, con conexiones y lealtades en esos círculos, determinen los términos de lo que se pudiera, y no pudiera, hacer ante lo que pasaba (y ante lo que aún está pasando) respecto a lo que ha estado haciendo el régimen de Bush? ¿Se debería darles a estas fuerzas, en efecto, el “derecho de veto” en cuanto a la resistencia política masiva contra este régimen? Bueno, a veces no hay una base material para una resistencia. Pero, de nuevo, había un análisis científica —y estoy firmemente convencido de que un balance correcto confirmará este análisis— de que no solamente había una necesidad mayor sino, sí, una base material para lo que planteaba la convocatoria de El Mundo No Puede Esperar, aunque no se logró lo que se proponía.

Con relación a lo que El Mundo No Puede Esperar propuso en su convocatoria y se puso a hacer, objetivamente el aspecto principal ha sido que se ha quedado muy corto de lo que se necesitaba y a lo que se ha convocado. Pero El Mundo No Puede Esperar logró cosas importantes, secundarias, y no debemos “hacer trampa” acerca de esta cuestión y combinar “dos en uno” y volvernos eclécticos: miles se movilizaron el 2 de noviembre de 2005, con paros de estudiantes de secundaria; antes y después del 2 de noviembre, con movimiento contradictorio, por ejemplo, algunas personas y fuerzas dieron pasos atrás mientras que otras le entraron, efectivamente se construyó una organización sobre una base importante a nivel nacional y en las localidades. ¿Había deficiencias y errores — había errores de método, además de táctica, etcétera, en este proceso? Sí. Se construyó una organización, con secciones en muchas ciudades con gente activa, de muchas maneras y a niveles diferentes, de docenas o veintenas —o a cierto nivel en algunos casos, de cientos de personas— con una dimensión política (y cultural) clara que le llegaba e impactaba a la población mucho más ampliamente; se construyó un frente unido amplio, no solo de gente de diferentes capas sociales, entre ellas, de manera importante, personas prominentes de varias esferas, sino también unos “desertores” de varias esferas gubernamentales — que no es precisamente insignificante.

Además, en “víspera” del 5 de octubre, había señales definitivas de la posibilidad de “superar las expectativas”, tal como ocurrió con la movilización del Parque Central en 2002. Pero, como sucedió, la mayoría de la cantidad muy grande de personas quienes, según muchos indicios, sopesaban seriamente romper los mortales confines del marco político dominante y tomar acción política independiente el 5 de octubre, no lo hicieron, y el número de manifestantes se quedó muy corto de lo que se necesitaba. De hecho, se movilizaron miles ese día, pero en el acto no se dio el salto a partir de los “bloques de construcción” muy reales que se fabricaban en preparación para el 5 de octubre —todo eso no se tradujo a un estallido político verdaderamente masivo, tan poderoso que no pudieran ocultarlo ni encubrirlo, ni pasar por alto su impacto político. Es cierto que desde el 5 de octubre de 2006 —y no olvidemos lo que mencioné anteriormente: los resultados de las elecciones del Congreso el mes siguiente, en que los demócratas ganaron la mayoría de ambas cámaras del Congreso; y que poco después el lanzamiento de la campaña presidencial más larga de la historia—, se ha cundido un efecto de enfriar, y de succionar y trasvasar, en cuanto a meter a la gente debajo del ala de la burguesía a corto plazo.

Como resultado de todo eso, la magnitud y el impacto político de El Mundo No Puede Esperar han disminuido objetivamente desde el 5 de octubre de 2006. Esto se ha manifestado particularmente a medida que la campaña presidencial actual y específicamente el fenómeno de Obama se han puesto en plena marcha y han llegado a representar un “ala” hacia la cual atraer a muchos individuos a los cuales el régimen de Bush y su programa han enajenado profundamente, encabronado e inquietado. Pero, de nuevo, pese a sus deficiencias muy reales, sería un error muy fuerte negar el impacto político significativo que ha tenido El Mundo No Puede Esperar, a partir de las diversas acciones basadas en su convocatoria, aunque, otra vez, el impacto se ha quedado muy corto de lo que planteó la convocatoria y de lo que se necesita. En el período por venir, de acuerdo a diversos factores objetivos relativos a movimiento El Mundo No Puede Esperar así como lo que este hace por su cuenta, aún podría jugar un papel mayor este movimiento, y seguramente las fuerzas que ha influenciado y, al menos por un tiempo y hasta cierto nivel, ha organizado en resistencia política.

Mantengamos en mente también el punto muy importante de que lo que El Mundo No Puede Esperar ha logrado desde sus inicios, aunque se ha quedado más corto de lo que se puso a hacer (tal como expresa, de nuevo, su convocatoria), se logró mientras que nuestro partido jugaba un papel importante abierto en El Mundo No Puede Esperar, se unía con una amplia gama de fuerzas, en el núcleo profundamente comprometido de El Mundo No Puede Esperar como en las fuerzas más amplias atraídas al movimiento, y que nuestro partido, en su trabajo con El Mundo No Puede Esperar, pese a unas deficiencias muy claras, planteó y difundió abiertamente nuestra posición, en términos fundamentales y estratégicos, y cómo nos compenetramos con El Mundo No Puede Esperar relativo a nuestros objetivos estratégicos, mientras que distinguíamos claramente entre eso y la base de unidad y la integridad de El Mundo No Puede Esperar, uniendo a personas y fuerzas con una gran variedad de puntos de vista y perspectivas desde cuales ellas han entrado a trabajar en El Mundo No Puede Esperar y con él. De nuevo, no obstante unas deficiencias muy claras y significativas de nuestra parte, nuestra participación en El Mundo No Puede Esperar —tanto nuestro trabajo para construirlo, según su base de unidad e integridad como exponer nuestros objetivos y punto de vista revolucionarios y comunistas globales— ha sido un factor positivo importante. También es de interés que muchas personas —y la opinión común— insistían que no se pudiera hacer algo como ha hecho El Mundo No Puede Esperar, aun con sus claras deficiencias importantes, mientras que participaban comunistas quienes, además, tenían un papel prominente y exponían abiertamente su punto de vista y programa comunistas globales (y a su vez, distinguían claramente entre su posición y la base de unidad y la integridad de El Mundo No Puede Esperar).

De nuevo, no se puede, y no se debe, pasar por alto el hecho de que el grupo El Mundo No Puede Esperar, y aquellos que trabajan en él y con él, no ha logrado gestar el nivel y la clase de resistencia política masiva que se planteó, correctamente, como meta, y necesidad, en su convocatoria; y el que al menos hasta ahora eso no haya pasado al nivel necesario, ha sido un factor negativo significativo en el panorama político. Sin embargo, el papel de El Mundo No Puede Esperar ha jugado, y lo que ha logrado, pueden tener un impacto político (e ideológico) positivo duradero, siempre y cuando se aproveche y se le sacan lecciones en términos políticos e ideológicos, y no se desperdicie.

Piensa en el grado en que hoy día se habla mucho más de la tortura en la sociedad, aunque es una barbaridad que no haya más indignación en la sociedad al respecto. ¿Habría la conciencia de esta, y habría la resistencia a esta, al nivel que hay sin el papel de El Mundo No Puede Esperar? Piensa en la atención política importante que se le ha dado al programa general del régimen de Bush, en lugar de este o aquel aspecto, aislado de los otros aspectos. ¿Eso hubiera ocurrido a ese nivel sin las acciones de El Mundo No Puede Esperar?

Los asuntos que El Mundo No Puede Esperar ha planteado, o que ha tenido un papel crucial en plantear y agudizar —sus denuncias de los crímenes del régimen de Bush y de la naturaleza global de su programa y el gran daño que ya ha hecho ese régimen mediante la aplicación de ese programa, tales como los precedentes y las “normas” que ha engendrado y su impacto en el terreno político y en el pensamiento de la población— siguen siendo muy pertinentes y señalan la necesidad de seguir movilizando resistencia política masiva a la dirección política básica en que este régimen ha impulsado la situación. Hay que asumir este trabajo, desde el punto de vista de nuestro partido y en términos de nuestro trabajo, como parte del propósito fundamental de construir un movimiento hacia la revolución y el objetivo final del comunismo. Aunque las cosas se han quedado cortas de lo que se necesita, se puede decir con mucha certeza, que es efectivamente mucho mejor que la gente se ha unido en torno a los objetivos de El Mundo No Puede Esperar y que se ha movilizado para trabajar para ellos, aun con la cantidad numérica de personas con que ha contado —es mucho mejor que ha perseverado en esto— es mucho mejor que si no hubiera hecho eso. Ahora está el reto de cómo continuar, en nuevas circunstancias, el trabajo muy necesario de construir oposición y resistencia políticas masivas al rumbo general del régimen de Bush, y las “nuevas normas” y la trayectoria que ha establecido, en Estados Unidos y en el mundo — de la única manera que se puede construir en serio esta resistencia política masiva, o sea, zafarse de los confines del marco político establecido y dominante.

Hay que hacer esto en el contexto en que el actual proceso electoral burgués constituye tanto un ruedo de lucha entre aquellos que mandan, sobre cómo reivindicar sus intereses en general y específicamente en el contexto de lo que desató el régimen de Bush —y sobre si hacer ajustes, y si sí, cómo y en qué medida, o si seguir firmemente y sin alteraciones importantes en el camino actual—, y en queel proceso electoral que confina, influencia y modela más el descontento popular profundo que existe, lo canaliza hacia formas y caminos que no amenazan los intereses de los que mandan y en realidad promueven esos intereses. Sin embargo, esto también está lleno de contradicciones y factores que podrían agudizar más la enajenación que existe en grandes sectores de la población y podría contribuir a profundizarlos. Combatir esta asfixia política y gestar una oposición y resistencia políticas masivas significativas es un reto que El Mundo No Puede Esperar sigue teniendo, y es un reto que hay que confrontar de una manera global, y una vez más nuestro partido tiene que confrontarlo, de acuerdo con nuestros objetivos y punto de vista revolucionarios y estratégicos, y a partir de los mismos, mientras que nos unimos con muchos otros con muchos puntos de vista diferentes.

De hecho, hablando de los reveses en el marco de las actividades en torno a El Mundo No Puede Esperar, el efecto más dañino sería la medida en que las personas, entre ellas, algunas que han estado participando en El Mundo No Puede Esperar, hagan un balance sobre una base incorrecta y según el pensamiento lineal, o sea, sobre la base del empirismo y el pragmatismo, y quienes en consecuencia se desorientan y se desmoralizan, acerca de lo que El Mundo No Puede Esperar ha logrado y lo que no, como en general sobre la posibilidad de lograr cambios significativos, hasta fundamentales. En cierta medida, esta tendencia espontánea es de esperarse en las personas quienes tienen una participación relativamente reciente en este tipo de lucha política y cómo asumen el reto de construir este tipo de movimiento de resistencia política masiva, pero es imperdonable para las personas quienes son o quienes pretenden de ser comunistas pero que se han caído en el empirismo en cuanto al período desde 11-S al presente, y que han olvidado todos los altibajos en ese período, de los que he hecho un breve repaso arriba, ni hablar de cómo evaluar la situación en relación a la meta estratégica de la revolución, apuntada al objetivo final del comunismo. Por eso es aún más importante perseverar en el objetivo fundamental de oponerse a la dirección general en que el régimen de Bush ha llevado la situación y los esfuerzos de canalizar la indignación y protesta hacia un callejón sin salida que desbaratara y desmovilizara la oposición a los crímenes de este régimen y este sistema, y, de nuevo desde el punto de vista de nuestro partido, señala la importancia de hacer este trabajo de acuerdo con nuestro punto de vista y objetivos revolucionarios fundamentales y, como parte decisiva de hacerlo ahora, hacer un balance científico (a diferencia de un balance pragmático y empirista) de este proyecto hasta ahora, y llevar a cabo una enérgica lucha en contra de los balances no científicos y en particular los “veredictos” oportunistas y distorsionadores sobre este proyecto que desvía a la gente del proceso de sacar las lecciones concretas y cruciales y de continuar la lucha sobre esa base.

El fenómeno Obama

Como ya he mencionado varias veces, un importante factor de la actual situación objetiva son las elecciones presidenciales y, específicamente, la particularidad del fenómeno Obama. Solo puedo comentar en pocas palabras (y recomendar leer) el artículo de Andrew Sullivan que salió hace unos meses (ver TheAtlantic.com, “Goodbye to All That: Why Obama Matters”, diciembre 2007) y una entrevista hecha hace poco a George Soros; ambos hicieron observaciones importantes y perspicaces, desde sus respectivos puntos de vista, sobre lo que pasa con el fenómeno Obama. Sullivan dijo que, en lo básico, habrá opciones de política muy restringidas para quienquiera asuma la presidencia; en ese sentido, no veremos gran diferencia. Eso tiene que ver con la trayectoria de las cosas y la necesidad que ha generado lo que ha hecho el régimen de Bush, y otros factores en el mundo en un sentido más amplio. Pero, Sullivan dijo: si bien habrá una limitada gama de opciones de política, en términos de estilo y percepción habrá una diferencia profunda. De nuevo, no debemos verlo de manera economicista y estrecha, ni, evidentemente (espero que eso les quede evidente) debemos “seguir a la cola de la democracia burguesa”. Es importante ver la complejidad y de nuevo, la naturaleza de múltiples colores y niveles del “mapa” de este fenómeno3. Respecto a la “guerra contra el terror”, de la que está muy a favor, Sullivan afirma que es necesario seguir adelante y ganar esta guerra, al igual que lo dice Obama, claro está. Sullivan sostiene que de la noche a la mañana, tendría un efecto profundo en el mundo musulmán si el presidente de Estados Unidos fuera Obama. Obama, en el discurso ante el AIPAC (Comité Israelí-Norteamericano de Asuntos Públicos), en efecto recalcó lo mismo, si lo escuchas con detenimiento.

En ciertos aspectos importantes y en vista de las diferencias y las similitudes entre los años 60 y la situación actual, uno no puede sino palpar que de una manera, Obama representa una especie de combinación de Jack Kennedy y cómo la situación se hubiera desenvuelto si Bobby Kennedy no hubiera caído asesinado y, al contrario, hubiera amarrado la nominación presidencial del partido Demócrata en 1968, con el importante elemento adicional de que Obama es negro, pero, como Sullivan señala, un negro que no representa una amenaza para gente como Sullivan: negro pero sin “gestos bruscos”. En este contexto, cabe recordar un importante hecho y reflexionar lo que eso significa con relación al fenómeno Obama: en los años 80 y comienzos de los 90, cuando había un enorme auge de lucha popular contra el apartheid de Sudáfrica y la autoridad llevaba a cabo una vil represión a fin de ahogar en sangre el levantamiento popular, el programa más popular de la tele de entonces de la población blanca de Sudáfrica fue La hora de Cosby. De nuevo, “sin gestos bruscos”.

En vista de las observaciones de Sullivan, podemos ver que en el fenómeno Obama, en cierto sentido hay una analogía a la manera en que Booker T. Washington llegó a ser un orador popular en los mítines de los supremacistas blancos en el Sur estadounidense durante la época de la segregación de Jim Crow (racismo con el aval de la ley) y terror del Ku Klux Klan (KKK). Washington era un “líder negro prominente” —o alguien a quien promovía el orden establecido, incluidos los supremacistas blancos en el Sur estadounidense— porque sostenía que, en lugar de luchar contra la segregación y el terror del KKK, los negros deberían de trabajar más duro para mejorar su propia situación dentro de ese marco de horrorosa opresión. No digo que Obama sea exactamente equivalente a Booker T. Washington —ni desde luego, opere en el mismo escenario político ni tenga el mismo papel político en ese escenario—, pero hay algunas claras similitudes, tal como se expresan en el mundo actual (con todo lo que ha ocurrido desde los tiempos de Booker T. Washington) respecto a lo que Obama representa en lo fundamental, y en particular, el fenómeno, para repetir, “sin gestos bruscos”.

Es importante no ignorar ni hacer ocaso omiso de las dificultades que presenta el desenvolvimiento de la actual situación objetiva y en particular la campaña electoral y específicamente el fenómeno Obama, o sea, cómo todo eso levanta verdaderos obstáculos a la construcción de una resistencia política de masas y, de nuestra parte, de un movimiento revolucionario. Debemos reconocer las dificultades que todo eso presenta a corto plazo y también el potencial de “desenmarañamiento” que podría darse para la clase dominante, sobre todo si hacemos nuestro trabajo correctamente partiendo de nuestra perspectiva y orientación revolucionarias estratégicas y sobre esa base, tratando el desarrollo de estas contradicciones —de nuevo, no en un sentido estrecho economicista y materialista mecanicista tipo [voz de sarcasmo:] “todos son parte de la misma clase dominante; Obama nada más es un vendido; bla, bla, bla”—, sino reconociendo la complejidad y de nuevo, la naturaleza de múltiples colores y niveles de todo eso.

En esta conexión, algunos de nosotros veníamos considerando si debiéramos lanzar un comunicado, a medida que se aproximan las elecciones, a todos aquellos a que ha atraído el fenómeno Obama, a todos aquellos que tienen un deseo genuino de ver que haya otro rumbo para la situación en Estados Unidos y su papel en el mundo y a quienes objetivamente les han estado teniendo una trampa que llevara a una gran decepción y gran desilusión con el fenómeno Obama. Tal vez un comunicado en nuestro periódico con las palabras: “¡A todas las personas en esa situación: estaremos aquí cuando la orgía electoral se convierta en una depre!”

Bien, el que lo hagamos o no, esa orientación importa. Pero, en sí eso no basta, como se sabe. Es crucial ir influenciando y modelando, en la mayor medida que podamos, la manera en que las personas ven y analizan las cosas, entre ellas aquellas que de uno u otro nivel se verán atraídas, a pesar de nuestras mejores labores, al fenómeno Obama, de modo que, cuando venga “la depre”, después de la “orgía” de ilusionarse por Obama, no quede solamente al nivel de “la depre” y no lleve a alejarse aún más de la actividad política verdaderamente significativa — a la desmovilización, y la desmoralización, respecto a lo que es una profunda necesidad: una resistencia política masiva. Al contrario, necesitamos ir influenciando y modelando la situación de modo que, a medida que se plasme esta gran decepción y que denunciemos más los hechos del fenómeno, haya al menos un efecto contradictorio y haya una mayor base estratégica para atraer a la gente a una resistencia política masiva y a la larga a la revolución (y en lo más inmediato, atraer a algunos a una posición revolucionaria).

En la superficie, en el momento inmediato, al menos en Estados Unidos (y de cierto modo en relación dialéctica con los últimos sucesos en Irak, y la manera en que en una medida importante la clase dominante le ha quitado importancia a la guerra de Irak en la conciencia de la población y la ha reemplazado con el “Problema número uno: La economía”), puede que parezca que se ha calmado la “tempestad”; pero es mucho más probable que sea el “ojo” de la tempestad y no una “calma” duradera. Si bien en la población estadounidense, hay cierto “seno” o punto bajo en la resistencia popular —un claro “seno” en comparación con la situación de hace unos cuantos años— y hay lucha en al interior de la clase dominante sobre la necesidad de ciertos ajustes y cómo hacerlos, o de una “corrección de rumbo”, no se han atenuado las contradicciones subyacentes —además de la contradicción fundamental del capitalismo y la época burguesa en general (entre la producción social y la apropiación privada), me refiero a las expresiones específicas de ella en el mundo actual, incluido Estados Unidos— y será muy difícil atenuarlas de modo que beneficie al imperialismo estadounidense. De hecho, es muy posible que, sin que pase mucho tiempo, la situación vaya más allá del “ojo de la tempestad” y la intensificación de las contradicciones, con quizá unos estallidos importantes, o escaladas de tensiones y conflictos, en los propios Estados Unidos así como en el mundo en el sentido más amplio.

No debemos subestimar cómo la noción —de que de todos modos el “péndulo volverá a la normalidad”— está ejerciendo una influencia y teniendo un efecto (aunque en algunos casos, cabe decir una sensación vaga). La apariencia de la posibilidad de una importante corrección de rumbo y el aparente funcionamiento del “mecanismo autocorrector de la democracia estadounidense”: no debemos subestimar la influencia de tales ideas. En segundo lugar, puede haber un aspecto de “corrección de rumbo” e importantes fuerzas de la clase dominante efectivamente quieren ver un ajuste de alguna clase, precisamente para reivindicar en la actual situación los intereses del imperialismo estadounidense tales como los perciben. Pero en general, la clase dominante tiene mucha necesidad, y hay importantes factores subyacentes y una dinámica impulsora que van contra un importante cambio de rumbo de parte del conjunto de la clase dominante, en el mundo y en Estados Unidos. De eso, de nuevo, se trata en parte la observación de Andrew Sullivan de que Obama es el hombre para estos tiempos. Como los neoconservadores y otros comentaristas burgueses convencionales han señalado, Obama ya empieza a ajustar su posición sobre Irak con esta frase consabida: “Tenemos que tener tanto cuidado con lo de retirar a las tropas como el descuido que tuvimos con la entrada”. Si llega a la presidencia y “los generales en el terreno” le dicen que, respecto a Irak, no puede hacer lo que durante la campaña dijo que haría —bien, ¿qué derecho tiene de no prestar atención a los generales? De todos modos, al llamar a retirar a los soldados de Irak, paso a paso, con “cuidado” — y dejar abierta la posibilidad de mantener una “fuerza residual” ahí—, Obama constantemente presenta eso en el contexto de enviar más soldados a Afganistán y subraya que tiene el propósito de facilitar ese proceso (y ha hablado de la posibilidad de lanzar ataques al interior de Pakistán) y continuar la “guerra contra el terror” con más vigor. ¡Vaya candidato “contra la guerra”!

Eso no quiere decir que no habrá importantes ajustes de política —es importante no analizar esto con ojos simplistas—, sino que más bien hay restricciones y una necesidad específicas que tendrán la clase dominante, quienquiera que sea el presidente. Nos dan una muestra muy clara de esto, por ejemplo, en el discurso de Obama ante el AIPAC y en general lo que dice sobre Israel e Irán. Quien esté en la onda de “Paz ahora” y “La guerra no es la respuesta” y haya visto ese discurso ante el AIPAC, y sobre todo quien haya leído el contenido así como escuchado el tono sanguinario de este discurso, ha de haberse quedado impactado de alguna manera por esa sed de sangre (no me importa en qué grado haya intentado apagarse la mente, ha de haberse dejado impresionar por eso en cierta medida, aunque no de manera plenamente consciente). Ese fue un discurso sanguinario e indica claramente lo que es una parte de la necesidad que Obama reconoce — y reconoce que tiene que asumir una posición clara al respecto.

No debemos olvidar cómo estuvo bajo el presidente Jimmy Carter. Pese a que hoy sea el Mister Derechos Humanos y el Mister Hábitat para la Humanidad, etc., no olvidemos al Jimmy Carter que entró como cordero y salió como león. En la primera parte de su mandato, ahí lo teníamos, con el suéter puesto y su “charla en el hogar” sobre sacrificarse y unirse, sobre la necesidad de controles de petróleo y gas, y demás cosas. Pero esta figura paternal y amistosa se convirtió en un sanguinario belicista al final de su mandato. Mucha gente que conocía esos tiempos oculta eso y lo olvida — y, como se sabe, mucha gente, sobre todo los jóvenes, ni saben de eso. Lo único que saben de Jimmy Carter es la imagen del Mister Derechos Humanos. Ese Jimmy Carter es el que, en la primera parte de su mandato, por necesidad, indultó a una enorme cantidad de soldados yanquis que durante la guerra de Vietnam o como resultado de la misma se ausentaron sin permiso. Eso fue un fenómeno generalizado —miles de personas vivían en la clandestinidad o en otros países— y ese indulto fue una parte de “curar las heridas” de una forma muy similar a algunas cosas que dice Obama hoy. Pero se impusieron la realidad y la necesidad de la clase dominante y cuando Carter dejó la presidencia, seguía los consejos de Brzezinski —quien ayudaba a organizar y armar a los mujaidines en Afganistán contra los soviéticos— y, de manera más ominosa, Carter amenazaba directamente con lanzar una guerra, con todo lo que eso implicara, contra la Unión Soviética en torno al golfo Pérsico, en el contexto de la ocupación soviética de Afganistán y tras la revolución iraní y el tumulto que se generó allá.

Carter dijo con fuerza —de nuevo, es aleccionador el lenguaje de los imperialistas— que si unos “fuereños” intentaran intervenir en el golfo Pérsico, Estados Unidos lo interpretaría como causa de guerra. Bueno, discúlpame, pero no sabía que ese golfo fuera un lago ubicado en medio de Estados Unidos. Claro, por “fuereños”, Carter no hablaba de Estados Unidos sino de la Unión Soviética — y ¡amenazaba abiertamente con lanzar una guerra contra la Unión Soviética!

Es importante considerar eso, en general y específicamente respecto al fenómeno Obama hoy. No se trata de que se repita la historia de la misma manera ni de pasar por alto las diferencias muy importantes entre esos años y hoy. Por ejemplo, ya no existe la Unión Soviética. Pero ese ejemplo de Jimmy Carter encierra unas lecciones importantes: sobre el discurso tranquilizante de los representantes de la clase dominante imperialista, y de la necesidad y las restricciones que tiene la clase dominante y sus representantes en la prosecución de sus intereses imperialistas.

Hoy, es necesario reconocer que, si bien aún existe una “reserva” de furia apuntada al régimen de Bush y lo que ha hecho, también existe un “seno” muy claro, en particular en las capas medias progresistas, además de los problemas que las masas básicas tienen para poder librar una resistencia política y forjar un movimiento revolucionario. Eso me llamaba la atención de nuevo mientras leía unos informes sobre nuestro trabajo en el caso de Sean Bell (el indignante veredicto que absolvió a los policías asesinos): aunque logramos movilizar a muchos jóvenes de Queens poco después del veredicto, sobresale en los informes el hecho de que había casi puras mujeres en las protestas, no necesariamente por tener una posición política más avanzada sino porque todos los varones estaban bajo libertad condicional o atrapados por los vericuetos del sistema jurídico y eso constituía una carga muy pesada que impedía su participación.

Estos problemas son reales. El “seno” y “la tendencia a cobijarse bajo el ala de la burguesía” —de las capas medias así como las masas básicas, y por cierto de los negros, ante la influencia de Obama— son muy reales. Pero, también lo es la necesidad que tiene la clase dominante.

FOOTNOTES

1. Esta “convocatoria” y otra información sobre la organización “¡El Mundo No Puede Esperar! ¡Fuera el gobierno de Bush!” están en línea en worldcantwait-la.com/spanish.htm. [back]

2. “Los grandes retos de la nueva situación”, una charla dada por Bob Avakian poco después del 11 de septiembre de 2001, que salió primero en Obrero Revolucionario (ahora Revolución) #1143, 17 de marzo de 2002, y está en línea en revcom.us. [back]

3. En “Hacer la revolución y emancipar a la humanidad, parte 2” (en línea en revcom.us y en el folleto Revolución y comunismo: Fundamento y orientación estratégicos), Bob Avakian dijo: “No se puede tener un enfoque reduccionista o simplista hacia la realidad. Aquí, para ilustrar esto, quiero invocar la analogía de un mapa de muchos niveles diferentes [con un color distinto para cada nivel] para indicar distintos fenómenos (concentraciones de población, parques, masas de agua y cosas por el estilo). Esta es una metáfora o analogía útil para comprender la naturaleza complicada y abigarrada de la realidad que abordamos y que nos esforzamos por transformar”. [back]

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Revolución #142, 7 de septiembre de 2008

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Sobre la nominación de Obama:

El cambio en que crees…
y el cambio que obtendrás

Te opusiste fuertemente a las guerras de Bush y quizá fuiste a las protestas en contra, pero te decepcionaste… y te has sentido impotente y con malestar a medida que avancen esas guerras…

Lloraste o te encabronaste acerca del asesinato de Sean Bell o la colocación de los dogales de linchamiento, preguntándote cuándo y cómo podrá haber justicia para los negros cuando hay un racismo tan profundo en Estados Unidos.

Observaste mientras que Bush metía en el gobierno a los seguidores de su versión de cristianismo de cruzados fanáticos ignorantes… observaste horrorizado mientras que eliminaban lo que considerabas derechos fundamentales… atestiguaste la despenalización de la tortura y escuchaste mientras satanizaban a uno tras otro grupo, ayer los gays, hoy los inmigrantes, y te preguntaste: “¿estamos en el camino al fascismo?”

Quieres igualdad para la mujer y te enfureces cada vez que te enteras de otra acción contra el aborto y ahora, sí, el control de la natalidad, a medida que restauren enérgicamente los valores tradicionales…

Luego, escuchaste a Obama hablar de cambio. Sonaba un poco vago, pero te dejaste tener esperanza. Ahora, después de la convención, tienes un poco de euforia… pero a su vez, algo te sigue picando, algo que no te parece del todo bien…

Pero te dices a ti mismo algo así: un negro, después de tanto años, nominado para la presidencia. Eso seguro quiere decir cambio, ¿no? Por todas partes en la convención, se asomaba la consigna de Obama: “el cambio en que puedes creer”.

Quizá sea hora de tomar una pausa y hacer unas preguntas un poco más profundas sobre el contenido de este cambio prometido. Quizá sea hora de escuchar a fondo el discurso de aceptación de Barack Obama y mirar con seriedad adónde dice que te llevará.

* * * * *

“Obama se mostró la pasta”. Ese fue el veredicto unánime de los comentaristas sobre el discurso de aceptación de Obama. Obama dijo que “como comandante en jefe, jamás dudaré en defender a esta nación” y de remate, criticó agresivamente a John McCain por no tener el “temperamento y juicio como para ser el próximo comandante en jefe”.

Bien, hablemos claro sobre John McCain. Su “gran hazaña” fue pilotear un caza de combate sobre los arrozales de Vietnam y arrojar bombas de enorme capacidad destructiva y horror sobre campesinos y niños, una y otra vez, sin ninguna punzada de remordimiento. Nadie sabe a cuántas personas mató personalmente McCain en Vietnam, pero por lo general se acepta que el saldo de muertes de la invasión yanqui sin fundamento a ese país es de más de dos millones de personas. A diferencia de las interminables profesiones de “respeto” a McCain de parte de Obama y los demás demócratas, este tipo no es sino un vil criminal de guerra. Hoy, McCain dice que actuará con más agresividad y brutalidad en Irak.

A eso es a lo que Obama le profesa profundo respeto, pero da a entender que no lo es “suficientemente duro”.

¿Es ese el cambio que quieres? ¿De sacar a las tropas de Irak… y meterlas a Afganistán, tal como ha pedido Obama? Afganistán, donde hace una semana el gobierno acusó a los soldados yanquis de haber asesinado a 90 civiles, entre ellos 60 niños, en una redada. Más adelante en el discurso, Obama llama a “proteger a Israel y refrenar a Irán”, y luego se mofa de McCain por “nada más… hablar fuerte en Washington” en lugar (no más podemos  presumir) de emprender más “acciones”. El que Obama seleccionara al empedernido defensor de larga trayectoria de Israel, Joe Biden, como su compañero de fórmula también tiene el propósito, en parte, de mostrar sus credenciales en esa materia. ¿Es ese el cambio que el mundo necesita, que Estados Unidos suelte a Israel para que se desboque de manera más sanguinaria y agresiva en el Medio Oriente?

Como parte del tema general, Obama remachó una y otra vez el patriotismo, la llamada “promesa de Estados Unidos” y que este país es la “última y mejor esperanza” para los pueblos de todo el mundo que quieren libertad, paz y un futuro mejor. En realidad, de Guatemala a Irak y Angola, y más allá, esas frases significan “cuidado, están a punto de bombardearnos y masacrarnos”. Esta “última y mejor esperanza” explota la fuerza de trabajo y le exprime los recursos al planeta entero. Ha emprendido y orquestado golpes de estado militares, guerras de sustitutos e invasiones directas en veintenas de países del mundo en los 60 años desde la II Guerra Mundial, las que han dejado un saldo de millones de muertos. Esta “última y mejor esperanza” es el ÚNICO país que jamás haya usado bombas nucleares, y en varias ocasiones desde entonces ha amenazado con sumir al mundo en una guerra nuclear a fin de proteger lo que considera sus intereses. No es solo un país con elevados ideales que por alguna razón se ha desviado hacia una “política” imperialista desacertada; es un sistema imperialista impulsado a expandirse o morir. Y la única verdadera “promesa de Estados Unidos” es que “está en consideración todas las opciones” en cuanto a rociar con destrucción a quienquiera se le ponga en el camino.

Pero no nada más te dejes llevar por nuestras palabras. Busca la respuesta de Pat Buchanan al discurso de Obama en YouTube. Buchanan, puede que te acuerdes, escribió discursos para Richard Nixon y Ronald Reagan. Es un supremacista blanco a ultranza y un vil reaccionario antiinmigrante quien escribe libros que advierten que Estados Unidos no es suficientemente blanco ni cristiano, y por tanto corre el peligro de perder la cohesión social que necesita para proteger su imperio1 . Buchanan salió en la MSNBC con palabras efusivas de que este fue el mejor discurso de una convención que jamás había escuchado, que “no fue en absoluto un discurso liberal” y señaló en particular el siguiente pasaje como broche de oro:

Amo a este país, y tú también lo haces, y también John McCain. Los hombres y las mujeres que cumplen su deber en nuestros campos de batalla puede ser demócratas, republicanos e independientes, pero han combatido juntos, sangrado juntos y muertos juntos bajo la misma bandera orgullosa. No han cumplido su deber para unos Estados Unidos rojos o unos azules, sino para los Estados Unidos de América del Norte.

Bien, pregúntate por qué un tipo como Pat Buchanan eche tantas palabras efusivas. Esa es una retórica que lleva a la ciudadanía a combatir y a morir por el imperialismo. ¿Es ese el cambio en que crees ?

* * * * *

 

“Si caes en la orientación de intentar hacer que los demócratas sean algo que no lo son, y nunca lo serán, terminarás
volviéndote más en lo que los demócratas realmente son.”

Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, EU

Durante la campaña para la primera ronda de elecciones, Obama dio un discurso sobre el racismo en Estados Unidos y se refirió al “lamentable pasado” del país. Pero en ese discurso trató de no llamarle la atención a la verdadera historia y a la actual opresión de los negros, tapando la profundidad de las raíces de la supremacía blanca y recomendando una solución falsa y en los hechos mortal a ella2 . Pero lo que más llama la atención del discurso de aceptación de Obama fue lo poquísimo que habló sobre esta división fundamental de la sociedad norteamericana… y cuán despiadado estuvo el contenido de lo que dijo.

Para colmo, al parecer el vídeo sobre la vida de Obama que pasaron antes del discurso dejó fuera a los negros. El discurso describió muchos problemas que tienen las personas comunes de todas las nacionalidades de Estados Unidos, tales como la falta de buenos servicios médicos, la terrible situación de la educación para la mayoría de los niños, los problemas muy malos de la vivienda y el empleo, etc. Pero Obama no consideraba que fuera digno de mención, ni siquiera una vez, cómo la discriminación racial agrava muchísimo más todos estos problemas en el caso de los negros. Ni mencionó, ni siquiera una vez, las formas específicas de opresión “reservadas” para los negros y otras minorías nacionales. Ni mencionó cómo el sistema de justicia criminal almacena a los varones negros en el bote… cómo de rutina la policía hostiga, a menudo golpea y sí asesina a los hombres, y mujeres, negros y de otras nacionalidades oprimidas… y cómo estos mismos jóvenes padecen una satanización en la cultura.

Dijo, de hecho, dos cosas sobre este tema tan fundamental de Estados Unidos. En primer lugar:

Sí, debemos ofrecer más escaleras al éxito para los jóvenes que caen en la vida del crimen y la desesperanza. Pero también debemos aceptar que los meros programas no pueden reemplazar a los padres de familia; que el gobierno no puede apagar la televisión y hacer que el niño haga su tarea; que los padres deben asumir más responsabilidad para dar amor y guiar a sus hijos con tanta necesidad.

¿De veras considera Obama que apagar la televisión hará volver las siderúrgicas a las ciudades, cuya salida ya había mencionado en una parte anterior del discurso? ¿De veras Obama cree que importa el que sus padres se levantaran en la madrugada para hacer que sus hijos hicieran su tarea, en un sistema cuyo propósito no es servir, cuando ha dejado a las escuelas sin fondos y que se pudran y se conviertan en algo parecido a cárceles?3

Es una mentira muy cruel echarles la culpa a las propias masas por no lograr salir adelante en un sistema cuyo propósito es mantenerlas oprimidas. Pero Barack Obama, al igual que su esposa Michele en un discurso anteriormente esta semana, hizo precisamente eso. Sí, él (y ella) hablaron de tender la mano de ayuda. Pero eso fue una parte muy secundaria en comparación con la constante repetición del argumento de que en Estados Unidos, si uno trabaja duro, y si su familia conserva los papeles tradicionales, “se puede salir adelante”. El subtexto, y a veces se expresa de manera más explícita, por lo común en boca de otros, es que “si los Obama lo lograron, pues, también lo podrán hacer los demás negros, si nada más le echan más ganas. Si no quieren hacerlo, pues solo pueden culparse a sí mismos”.

La neta, como ha dicho Bob Avakian, es lo siguiente:

La determinación decide quién saldrá del ghetto — vamos ése sí que es un cliché gastado, en su peor aspecto, a todo nivel. Esto es separar las partes del conjunto para tergiversar la esencia. Es como ver un molino de carne que pulveriza a millones de personas y en vez de fijar en que a la gran mayoría la vuelve pedazos, concentrarse en los pocos que se escapan enteros, fijarse en alguna característica individual de ellos — su “determinación” — y decir que eso es lo decisivo... y de remate, usar eso, directa o indirectamente, para decir que ¡“el molino sí sirve”!4

Como si quisiera rematarlo, Obama mencionó una vez más la opresión de los negros hacia el fin del discurso, en referencia a la marcha que se celebró en Washington por los derechos civiles 45 años antes de la fecha de su discurso de aceptación. Si bien ahora se ha borrado esa marcha de la historia, tal como señaló Malcolm X, al principio la marcha de 1963 fue una protesta desde las bases contra las bárbaras injusticias que se perpetraban contra los negros, pero luego las fuerzas “más respetables” se apoderaron de ella y la convirtieron en otra cosa5 . Para ilustrar a qué extremos fue este cambio de dirección, ¡la Casa Blanca revisó todos los discursos de esa marcha, y John Lewis, entonces del SNCC (Comité Coordinador Estudiantil No Violento) y hoy importante congresista, se vio obligado a cambiar el suyo! Pero cuando Obama evocó esa marcha, lo hizo para recordar el discurso de ese día, “Tengo un sueño”, de Martin Luther King y decir:

Posiblemente los hombres y las mujeres reunidos ahí ese día escuchaban diversas cosas. Quizá unas palabras de discordia y furia. Tal vez les decían que cedieran al temor y la frustración de tantos sueños aplazados.

Pero, al contrario, lo que escucharon… es que en Estados Unidos nuestros destinos están inextricablemente enlazados. Que juntos, nuestros sueños pueden ser uno solo.

En este caso, Obama tiene razón: en ese entonces, eso es lo que se le dijo a la multitud (de nuevo, con el aval de la Casa Blanca). Pero lo que la gente ha aprendido todos los días los años desde esa fecha es que la única cosa a que el “destino” de Estados Unidos estaba “inextricablemente enlazado” eran sus raíces como perversa mezcla de genocidio, esclavitud y capitalismo. Que el llamado “sueño americano” se desprende del destierro y casi-exterminio de los pueblos originarios y la esclavización de los africanos, y el posterior desarrollo de ese sistema y esos valores por todo el continente y luego por todo el mundo mediante las guerras entre imperialistas. Que esas raíces penetran profundamente en los cimientos de este país y que unas cuantas reformas no van a cambiar la situación de las masas negras, ni el carácter general y básico de esta sociedad. Que para tener otro futuro, la gente tendría que zafarse de los confines de la política burguesa. Que las formas en que los negros a veces se ventilaron su furia y desesperanza entre sí, tal como el efecto negativo que eso ha tenido y sigue teniendo en la familia, tienen más que ver con las amoladoras tensiones de la supremacía blanca en combinación con las relaciones y los valores que el sistema inculca que con los defectos de un individuo cualquiera. Que se necesite un cambio fundamental radical para obtener la libertad auténtica, y que en el curso de luchar por ese cambio revolucionario, y únicamente en el curso de luchar por esa clase de cambio, la gente pueda transformar su concepción del mundo y romper con las diversas formas de mentalidad egoísta y moral que el capitalismo engendra y refuerza y de las cuales luego se ceba.

El movimiento de entonces logró maravillosas cosas, aunque no logró abrir paso y hacer la revolución. Pero ese revés no cambia la realidad de que se necesita un cambio revolucionario, y no cambia la realidad más profunda de por qué es posible este cambio y que se puede lograr.

Si estás a favor de Obama, y estás leyendo este periódico, es probable que estés de acuerdo con al menos mucho de lo que acabábamos de decir sobre esta sociedad y la opresión histórica del pueblo negro, y su situación actual en este sistema. Pero Obama está diciendo algo diametralmente opuesto a lo que entiendes y crees, y eso estuvo bien sintetizado en su discurso. Léelo otra vez, sin nubes en los ojos. Está echándole la culpa por la opresión del pueblo negro, que aún sigue, a las mismas masas. Está diciéndoles a aquellos que quieren eliminar esta injusticia que el único camino hacia adelante es en esencia dejar de luchar contra esta opresión y confiar en el patriotismo estadounidense. De hecho, está diciéndoles a aquellos a que esta opresión tiene sin cuidado o que aun creen que se benefician de ella y aun “son partícipes de ella”, que no tienen que molestarse la conciencia por ella.

Pregúntate a ti mismo de nuevo: ¿es ese el cambio que necesitamos? ¿Quieres una sociedad donde se usa a un presidente negro para decirle a la gente que está justamente enojada sobre las atrocidades que una y otra vez cometen contra el pueblo negro que deje de lado su “ira y discordia”, que apague la tele y que trabaje más duro?

¿Es ese el cambio en que crees ? Porque ese es el cambio que corres el peligro de conseguir.

* * * * *

Los comentaristas felicitaron a Barack Obama por decir muy poco sobre los “cuestiones sociales”: la opresión de la mujer, concentrada en los incesantes intentos de eliminar el aborto y aun el control de la natalidad; la opresión de los gays, tal como negarles el derecho de casarse; la satanización y represión de los inmigrantes; etc.

En esta parte del discurso, de repente se esfumó el personaje combativo “pegarle a McCain sin guantes”. NO se comprometió a defender el derecho al aborto, sino habló de reducir embarazos no deseados. NO habló del derecho de los gays a casarse, a lo que Obama se opone de todos modos, sino de su derecho a visitar a sus parejas en el hospital (lo que McCain también apoya). NO habló de por qué los inmigrantes se ven obligados a venirse a este país a encontrar trabajo ni por qué hay que respetar y defender sus derechos y humanidad, sino solamente de que no se debe separar a las madres de sus hijos, y que no se debe contratar a trabajadores “ilegales”.

Este párrafo del discurso de más de 40 minutos siguió a una oda al sacrificio patriótico en la guerra y se expresó según la necesidad, en las palabras de Obama, de restaurar “nuestro sentido de propósito común” en Estados Unidos ante los “retos” y “opciones difíciles” de hoy. En otras palabras, dijo que estas cuestiones, es decir, los derechos de la mujer, de los gays y de los inmigrantes, se debieran subordinar a la necesidad de “unidad nacional” en un tiempo en que va a llevarse a cabo la agresión en Afganistán y muy posiblemente en Irán, y casi seguramente en otros lugares (nótese bien que Obama también habló de “frenar la agresión rusa” en su discurso y en otros debates presentó la idea de tomar acción militar unilateral en Pakistán).

Dio este discurso después de su actuación en el circo teocrático del predicador evangélico Rick Warren solamente una semana antes de la convención. Más de cinco millones de personas miraron a Obama y McCain por la tele en su primer acto de presencia en el mismo escenario en un examen público por el ayatolá del condado de Orange. Sí, sabemos, Rick Warren tiene una actitud jovial y sin pretensiones; se esconde los colmillos con mucha más habilidad que Pat Robertson. Pero Rick Warren es también un fanático que dice que el aborto es asesinato, que se debe enseñar el mito bíblico de la creación en lugar de la ciencia en las escuelas, y que la homosexualidad es un “pecado enorme”, el mero “pecado” no le basta, y que por eso se debe prohibir el matrimonio de gays6 . El que el “candidato del cambio” le rinda homenaje a Rick Warren, a fin de darle de hecho el derecho de moderar el primer debate presidencial real, es legitimar esta locura de manera que Bush o McCain nunca pudiera realizar.

A este circo escandaloso le siguieron el discurso de Michelle Obama que trató la importancia de la familia tradicional patriarcal con los papeles del “papá que trabaja y la mamá que se queda en el hogar”, relacionándola con el patriotismo (un comentarista señaló que Michelle Obama mencionó la palabra “América” al menos 12 veces); y luego Hillary Clinton, en lo que se anunciaba como un “discurso feminista”, quien ni siquiera mencionó el derecho al aborto.

Mira: el derecho al aborto no existe en muchos lugares donde las amenazas y el asesinato han obligado a los proveedores de aborto a huir, y ese derecho está bajo un embate incesante en las cortes, incluida la Suprema Corte, y en las asambleas legislativas. El control de la natalidad está en las miras de estas fuerzas teocráticas y patriarcales, y esta gente está exigiendo que se enseñe la doctrina religiosa en las escuelas públicas. Los fondos públicos van para financiar proyectos religiosos, y Obama ha presentado su propia propuesta para aumentar esos fondos, mientras que les modifica algunos pormenores. Nos están escribiendo y firmando un nuevo “contrato social” delante de las narices, en que de nuevo se relegan a las mujeres a papeles tradicionales decretados por la Biblia, y están dándole a la moral y la epistemología bíblicas cuando menos una legitimidad mucho mayor y un lugar mucho más grande en la sociedad... y te están diciendo que aceptes todo eso en la consecución de algún “propósito común” desconocido.

¿Es ese el cambio en que crees?

* * * * *

En su discurso en el Estadio Mile High, Obama tenía dos públicos. Por un lado, hablaba a las masas. Como tal fue importante; los políticos sí tienen que preparar al pueblo políticamente, por medio de estas campañas, para cómo se le gobernará. Pero también hablaba a diferentes sectores, y jugadores, de la clase dominante de este país, es decir, los capitalistas-imperialistas. En cierto sentido, estaba dándoles una audición. ¿Estará capaz de hacer un buen trabajo de convencerle a la gente para que se sacrifique? ¿Para que deje el desafecto ante la situación actual y de nuevo acepte, y asuma, los principios del chovinismo estadounidense? ¿Estará capaz de traer a los jóvenes, al pueblo negro, a aquellos que odian lo que ha hecho en especial el régimen de Bush y que veían en Obama una posible salida... estará capaz de llevarlos “un paso más” en el camino... de volver al redil?

A menudo hemos citado el artículo de Andrew Sullivan7 en que aconseja a la clase dominante a que apoye a Obama. Los gobernantes estadounidenses tienen un limitado ámbito de opciones, sostiene Sullivan, y Obama sería la mejor “cara” posible en materia de todas las cosas que tendrá que hacer al servicio del imperio estadounidense. Hay una clara dimensión internacional: tal como señaló un comentarista, refiriéndose a la multitud de 200.000 personas que salieron en Alemania para aclamar a Obama, la única manera en que Bush consiguiera tal multitud en Berlín sería si las masas estaban exigiendo que fuera juzgado como criminal de guerra. Además, hay una dimensión “interna”: Obama, según Sullivan y muchos otros, es el candidato quien puede conseguir que la gente deje de lado las demandas e ideales justos que surgieron tan poderosamente en los años 60 y que en los hechos nunca se han extinguido, quien puede borrar lo que la gente ha aprendido a un precio tan alto, quien puede preparar a una nueva generación para la vida política de acuerdo a las normas que en su profunda esencia son cienporcien conservadoras.

Obama no gobernaría exactamente de la misma manera que McCain. Eso no es nuestro argumento. Lo que SÍ es imprescindible es que serviría los mismos intereses fundamentales y obedecería los mismos imperativos fundamentales, como McCain. En esta conexión, Obama también está sosteniendo ante esos gobernantes que su mezcla específica de agresión y negociaciones, junto con su capacidad de “atraerle a” la gente internacionalmente y apaciguar la escena política en el frente interno, sería más eficaz al servicio de esos intereses e imperativos que los métodos de McCain.

* * * * *

Eso te deja con una decisión que tomar. Si examinas francamente por qué Obama te atrajo en primer lugar... y el verdadero mensaje e implicaciones de su discurso..., verás que tus propios principios e ideales son objeto de una traición, y que se ha realizado este proceso de manera sutil y paulatina, pero ha alcanzado una cierta etapa innegable en Denver. Si dedicas tus energías, talento y esperanzas a esta campaña, estarás de hecho trabajando contra lo mejor de tus propias creencias.

Puede que sea difícil de aceptar, pero no es, y no se debe considerar, motivo de desesperanza ni excusa para volverse pasivo, ni para colmo, ocasión de encogerse de hombros y aceptar el “realismo” de un sistema en que siempre dicen que los valores de justicia y emancipación no son realistas y en que uno siempre se raja ante el “realismo” de los monstruos. Hay una batalla que librar contra las mismas atrocidades que te atrajeron a Obama en primer lugar, pero que Obama nunca puede eliminar y, de hecho, él solamente las reproducirá.

No hay ningún atajo, pero sí hay un camino hacia adelante, por sinuoso que esté. Existe la verdadera posibilidad de la revolución, que vive en realidad y puedes conocer y a la que puedes conectarte en las páginas de este periódico todas las semanas. Hay un movimiento revolucionario que es real. Y hay una comunidad de resistencia mayor, tales como aquellos en Denver que fueron contra la corriente, dijeron la verdad y defendieron lo justo. Esa es la gente a que has estado esperando. Ve y únete con ellos. 

 

FOOTNOTES

1. Ver Patrick J. Buchanan, The Death of the West: How Dying Populations and Immigrant Invasions Imperil Our Country and Civilization (Nueva York: St. Martin’s Press, 2002) y Where the Right Went Wrong: How Neoconservatives Subverted the Reagan Revolution and Hijacked the Bush Presidency (Nueva York: St. Martin’s Press, 2005). [back]

2. Ver “Respuesta al discurso de Obama ‘sobre la raza’ ” en tres entregas: Revolución #125, 6 abril 2008; #128, 1 mayo 2008; y #130, 25 mayo 2008. [back]

3. “Las escuelas públicas de Nueva York y la criminalización de los estudiantes: ¿Qué clase de sistema le hace esto a la juventud?", Revolución #93, 24 junio  2007, y “Suprema Corte refuerza graves desigualdades”, Revolución, 15 julio 2007. [back]

4. Bob Avakian, “El ‘juego de la ciudad’ — y la ciudad, nada de juego”, Obrero Revolucionario (ahora Revolución), #201, 15 abril 1983. [back]

5. Malcolm X, “Mensaje a las bases”, 10 noviembre 1963 (en xroads.virginia.edu/~Public/civilrights/a0147.html. [back]

6. “Sobre Barack Obama… y superar las diferencias”, Revolución #141 (24 agosto 2008). [back]

7. Ver Andrew Sullivan, “Goodbye to All That: Why Obama Matters”, The Atlantic, diciembre de 2007 (theatlantic.com/doc/200712/obama) y “Andrew Sullivan sobre Barack Obama: Un argumento a favor de darle la ‘mejor cara’ al imperialismo”, Revolución #118 (3 febrero 2008). [back]

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Revolución #142, 7 de septiembre de 2008

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Cuatro números especiales de Revolución

Los siguientes meses tendrán una fuerte carga política. En el contexto de la campaña electoral, se están planteando grandes preguntas:

¿En qué clase de sociedad queremos vivir, y en que estaremos dispuestos a vivir?

¿Qué clase de futuro tendremos?

¿Qué clase de cambio se requiere?

¿Se trata de retocar lo que ya existe — para ser directos, hacer ajustes a los arreglos ensangrentados del imperio? O, ¿necesitamos con urgencia un cambio radical y fundamental? ¿Es posible un mundo mejor, un futuro digno de los seres humanos?

¿Todavía nos atrevemos a soñar con la revolución?

¿Existe una visión viable de lo que eso es y una dirección para señalar el camino adelante?

Las publicaciones, La Constitución del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, junto con la versión electrónica de El comunismo y la democracia jeffersoniana, una importante obra nueva de Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, son fundamentales para responder a estas preguntas. Instamos fuertemente a nuestros lectores a estudiar y escribirnos cartas sobre estas obras, y ver cómo difundirlas en todas partes de la sociedad. (Por el momento, estas dos obras están en inglés.)

Este verano y otoño, Revolución publicará cuatro números especiales; cada uno estará en venta por dos semanas:

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Los individuos por toda la sociedad, aquellos que odian lo que hace Estados Unidos en el mundo y que se atreven a soñar con un futuro diferente y mucho mejor, necesitan adquirir y difundir estos números de Revolución. Estos números tienen que difundirse por todas partes… a un nivel mucho mayor que de costumbre, de acuerdo a estos tiempos extraordinarios… desencadenar un movimiento que difunde la palabra, debatir el análisis y punto de vista comunistas sobre estos temas, y atraer e integrar a mucha más gente. Mediante todo eso, construir un movimiento que prepara mentes y organiza fuerzas para la revolución, con este periódico como eje y centro, un movimiento de emancipadores de la humanidad.

Hay muchísimo en juego en lo que hacemos ahora mismo: hacer y llevar a cabo planes audaces y creativos. Maximizar el potencial de estos cuatro números especiales. En el proceso de difundirlos por todas partes, debemos aprehender toda oportunidad de llevar y debatir la nueva Constitución del Partido Comunista Revolucionario, próximamente a salir en español [ya está en inglés: http://www.revcom.us/Constitution/constitution.html] y la obra de Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario.

Para conseguir los detalles de debates, cómo conseguir bultos del periódico y planes para todo esto en su ciudad, ve a la librería Libros Revolución más cercana. O, ponte en contacto con RCP Publications, Box 3486, Merchandise Mart, Chicago, IL 60654-0486, o llama a 773.227.4066.

Nota: Además de estos números especiales impresas de Revolución, mantente al tanto de revcom.us para obtener otros artículos en línea, a partir del 27 de agosto y el 1º, 8 y 15 de septiembre, y nuevos artículos entre uno y otro número, como los análisis de las elecciones. En los siguientes dos meses, alentamos los comentarios de los lectores y los publicaremos en revcom.us, tanto lo que recibimos electrónicamente como de cartas a RCP Publications (ver abajo).

* Ver información sobre la organización “¡El Mundo No Puede Esperar! ¡Fuera el gobierno de Bush! en worldcantwait-la.com/spanish.htm. [back]

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Revolución #142, 7 de septiembre de 2008

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Informes de las protestas en Denver, de El Mundo No Puede Esperar, Fuera el Gobierno de Bush

A continuación presentamos tres notas sobre las protestas en Denver del portal de El Mundo No Puede Esperar — Fuera el Gobierno de Bush. “Roquear al Coliseo” habla de la marcha de seis mil jóvenes después del concierto patrocinado por Veteranos de Irak Contra la Guerra y la Universidad Estatal de Tiendas de Campana, encabezado por Rage Against the Machine. La segunda trata “Una velada de conciencia” patrocinada por El Mundo No Puede Esperar, con un público de 300 personas. La tercera, “Marchar por Denver”, es un informe de la marcha contra la guerra del domingo 24 de agosto que inició la semana de acciones. Informes de primera mano de las protestas en Denver, con fotos y vídeo, se hallan en el portal de El Mundo No Puede Esperar, http://www.worldcantwait-la.com/spanish.htm. Además, se halla una extensa galería de fotos de las protestas en el portal del Denver Post, http://photos.denverpost.com/photoprojects/DNCmedia/protestsgallery.html

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Roquear al Coliseo: Seis mil jóvenes marchan por Denver

Miércoles, 27 de agosto de 2008

Una multitud de jóvenes alegres y furiosos que la policía estimó en cerca a seis mil arrancaron por las calles de Denver el miércoles, 27 de agosto, en una poderosa marcha que exigió el fin a la guerra en Irak, no a un ataque contra Irán y el apoyo a los soldados que se oponen a la guerra. Al marchar desde el Coliseo de Denver, donde la banda Rage Against the Machine (RATM), los Flobots y The Coup acababan de terminar un concierto de proporción inimaginable, hasta el Pepsi Center en el centro de la ciudad de Denver, los jóvenes llenaron las calles de un distrito industrial, una zona residencial y los cañones del centro de Denver con sus cánticos y canciones: “Son nuestros hermanos, son nuestras hermanas, apoyamos a los opositores a la guerra”, “el pueblo de Irak está bajo ataque — ¿qué hacemos? ¡Ponernos de pie y luchar!”; “¡No a un nuevo rostro para un imperio brutal, la Revolución es lo que necesitamos, para liberar a la humanidad!”

Los veteranos de Irak contra la guerra habían publicado tres demandas después de su marcha a través del distrito central de Denver el martes:

  1. La retirada inmediata de todas las fuerzas de ocupación de Irak.
  2. Completa y adecuada atención de salud y prestaciones a todos los miembros del servicio militar que regresen y a los veteranos.
  3. Reparaciones al pueblo iraquí por la destrucción causada por la guerra y la ocupación de los EE.UU. Se anunciaron estas demandas desde el escenario durante el concierto, y los miembros de RATM llamaron a ponerse de pie junto con los veteranos y que se unan a ellos en su marcha hacia el centro de la ciudad.

Esta marcha no es la política o la protesta como de costumbre. Los jóvenes habían venido preparados con sus pancartas hechas en casa, con mucho orgullo y desafío levantaron muy alto sus declaraciones sobre pedazos de tela o de cartón. Una pequeña muestra: Fonquear la guerra; Bush es para Irak lo que Obama quiere ser para Irán; Al carajo con su Cruzada; Suelta sones de tambor, No Bombas; ¿A quien bombardearía Jesús?; Salvemos al planeta de los belicistas. Llamaron a los transeúntes a unirse a ellos, y muchos lo hicieron, de chicos en ropa de trabajo que acababan de terminar sus turnos, a al menos unos cuantos delegados de la Convención Nacional Demócrata (CND), a trabajadores de oficina bien vestidos del centro que se paraban con los puños en alto o con signos de paz mientras los manifestantes pasaban, antes de dar el paso para unirse a ellos.

Una mujer joven de un pequeño pueblo de Kansas dijo que “estamos hartos de esta guerra maldita, y ni siquiera ninguno de ellos habla de ello. Alguien tiene que hacer algo”. Un joven que va a la universidad en la cercana Boulder dijo que “mucha gente de aquí no suele ir a las protestas, porque no ven lo bueno que hace. Pero esta es nuestra voz que se oye”.

Grandes contingentes de policías antimotines fuertemente armados parecidos a  ninjas del siglo 21 estaban en todas partes. Como la marcha se acercaba al Pepsi Center, la policía trató de arrear a los  jóvenes en las muy infames “jaulas de la libertad”. Pero los veteranos, y la juventud, se negaron a ir. Varios veteranos hablaron brevemente cuando la marcha se detuvo por unos minutos, acorralados por la policía, barricadas de concreto y alambradas. Uno de ellos era un joven soldado que desafiantemente anunció que unos meses antes se había negado a ser enviado a Irak. “Nuestros enemigos están en casa, señoras y señores. Estamos aquí en defensa de nuestra Constitución, y en contra de la ilegalidad de este gobierno. No voy a tomar la vida de otro, que nunca le hizo nada a este país para empezar. Nunca estemos apáticos, mientras que las vidas de otras personas son tomadas en el exterior y nuestros derechos aquí son despojados”.

Otro soldado, Sholom Keller, dijo que “la policía está en plena actitud de batalla. La policía parece estar lista para la guerra, pero nosotros estamos aquí listos para la paz. Los intentos de la policía de  meternos en esta cosa llamada ‘jaula de la libertad’ van a fracasar”.

La marcha de los jóvenes y los veteranos fue una vigorizadora y desafiante ruptura con la política de compromiso, acomodación y aceptación. Los jóvenes que marcharon insistieron en hacer conocer sus puntos de vista, y que representan a millones de otras personas en este país hartas  ante su rumbo y el daño que le está infligiendo a la humanidad y al planeta. El poder y la determinación expresados durante esta marcha, aunque de una forma naciente, deben llegar a ser mucho más enérgica y decidida en las próximas semanas y meses.

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Lunes, 25 de agosto de 2008

Una velada de conciencia

De Jamilah Hoffman

Creo que es cierto cuando la gente dice que los ojos del mundo tienen a Denver en la mira. Las celebridades y  políticos andan en las calles. Los músicos radicales están realizando actuaciones para el pueblo casi a diario. Hay representantes de los medios de comunicación de todo el país y de todo el mundo.

Y con toda esta atención aquí, hay una importante oportunidad para aprovechar: la oportunidad de abrir paso por entre la asfixiante cooperación de los demócratas con los crímenes del gobierno de Bush; una oportunidad y la necesidad de que la gente salga a protestar y haga oír su voz. Para decir un rotundo “NO” a las guerras y la represión, no al exasperante insulto de que lo único que podemos hacer está contenido dentro de los estrechos límites de la política oficial electoral. Caminando por las calles siento que no hay lugar en la tierra en el que prefiera estar sino en Denver, Colorado, en este mismo momento de la historia.

En Chicago de 1968, Abbie Hoffman y los Yippies querían ser el “comercial” de la Convención Nacional Demócrata. Creo que fue un objetivo noble. Proporcionar una alternativa de distracción para la “Convención de la Muerte”, como la llamaron en esa época, y no estar limitado a lo que se consideraba protesta aceptable.

Hago memoria de la noche del domingo, 24 de agosto de 2008. El teatro de danza Cleo Parker Robinson celebró una velada de conciencia. El Mundo No Puede Esperar patrocinaba este acto lleno de oradores maravillosos, en torno al lema “no a la guerra contra Irán”. Yo diría que este acto fue más que un “comercial” en el que la gente participó porque no había nada más. Capturó el espíritu de resistencia que latía en Denver el domingo, y debe ser expresado vitalmente por muchas más personas en Denver y en toda la sociedad.

Los ponentes fueron de variadas procedencias. Había gente que se postulaba para cargos políticos y veteranos de la guerra en Irak y la de Vietnam. Hubo periodistas independientes, periodistas revolucionarios y comunistas revolucionarios, y la gente de los Demócratas Progresistas de América, que se unieron todos por el hecho de que un ataque a Irán sería inaceptable y que las cosas en esta sociedad necesitan cambiar.

Lo que encontré refrescante y revitalizador fue que las personas estaban hablando de cómo llegar más allá de la política como de costumbre. No había ilusión en cuanto a si Obama, ni hablar de McCain, iba a traer el cambio. El verdadero cambio va a venir de la gente.

Cynthia McKinney, que se está postulando para la presidencia por el Partido Verde, proclamó con valentía su radicalidad y denunció a las “Mujeres Vacías de la Hegemonía”, a las dirigentas burguesas como Condoleezza Rice y Nancy Pelosi, que la gente piensa que comparten sus  mismos intereses en el corazón, pero que están realmente empujando a este país más hacia el imperio. Y ella contrastó a esas mujeres con Cindy Sheehan, que también habló y que se está postulando para el Congreso en contra de Nancy Pelosi, y nos recordó que el problema y el reto son mucho más grandes que poner a la mujer en cargos políticos, y que deberíamos empezar a enfocarnos en el sistema.

Sunsara Taylor se refirió a la anterior manifestación y marcha que tuvieron lugar ese día y habló con una honestidad contundente sobre el hecho de que no teníamos a la cantidad de personas que necesitábamos. Envió saludos y sincero amor a la gente valiente que desafió a los traficantes de miedo, las amenazas y la presencia de la policía acantonada por el gobierno y la prensa. Hizo un llamamiento a las personas que trataron de reprimir la protesta, supuestamente activistas “progresistas”, y nos dijo que si están más preocupados por conseguir que los demócratas sean elegidos de lo que están con el destino de la humanidad, pues ustedes no pueden llamarse a sí mismos líderes contra la guerra. Asimismo, puso de manifiesto la absoluta y completa inutilidad de este sistema capitalista y la forma en que nunca puede actuar en pro de los intereses de la gente, no importa quién sea elegido, y presentó un llamado a la revolución que fue muy entusiastamente recibido.

Jeremy Scahill habló muy mordaz sobre Joe Biden, el elegido de Obama para vicepresidente (VP), y la ironía de proclamarse a sí mismo como candidato por el cambio cuando su elegido para VP es uno de los senadores más antiguos en el Congreso y que ha votado a favor de la invasión y ocupación de Irak, y otras innumerables atrocidades perpetradas por los EE.UU.

Yo estaba realmente inspirado por Phil Aliff, de Veteranos de Irak contra la Guerra, que tiene el coraje de hablar y tratar de detener una guerra de la cual él alguna vez fue parte. Luego está Ron Kovic, autor de Nacido el cuatro de julio, que hizo una lectura de la introducción de la edición de 2005 de su libro. Este fue un poderoso momento. Tenía tantas importantes cosas que decir y una parte que me impresionó mucho fue cuando él habló acerca de estar en la guerra y obtener algo de él, y lo que él adquirió fue Conciencia.

Pam África y Ramona África también dijeron algunas palabras a la multitud mostrándonos que la revolución continúa. Y entonces cerramos con la lectura de la Promesa de Resistencia No En Nuestro Nombre, liderada por la formidable Cleo Parker Robinson a la que se sumaron los oradores de la noche y los miembros de la audiencia.

Salí de este acto inspirado a conquistar al mundo. Me he sentado en un montón de actos y he oído hablar a todo tipo de oradores de muchas cosas. Esta noche de conciencia fue diferente. Debido a que la gente que hablaba estuvo viendo la realidad y se daba cuenta de que un cambio real es lo que se necesitaba, no hubo confusión acerca de que sea quien sea el candidato, esos candidatos no iban a lograr el cambio que necesitamos. Lo que estamos haciendo en Denver es correcto, y las personas que no están en Denver deberían estar en Denver. Cuando nos tomamos las calles, estamos diciéndole al mundo que nos negamos a aceptar el programa de Bush, no importa cuál candidato presidencial lo continúe.

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En la marcha de Denver: Luchando por un fin a la guerra, la tortura y la represión

Lunes, 25 de agosto de 2008

Elaine Brower

El domingo, 24 de agosto, más de 700 personas se juntaron a temprana hora frente al Capitolio de Denver para inaugurar una semana de protesta contra la Convención Nacional Demócrata y el ambiente militarista opresivo que rodea a los que decidimos ejercer la libertad de expresión que el gobierno quiere negarnos.

El mitin comenzó a las nueve de la mañana con un grupo de oradores que nos motivaron desde lo alto de la escalinata. Lo organizó Recrear el 68 (R68), una coalición de grupos y personas antibélicos de Colorado. Los manifestantes escucharon discursos de Cindy Sheehan, Fred Hampton Jr., Ron Kovic (el ex combatiente de la guerra de Vietnam y autor del libro Nacido el 4 de julio), Ward Churchill, Larry Hales, Cynthia McKinney, Larry Holmes y otros, y los animó el rap del grupo Dead Prez.

La escena frente al Capitolio no fue una reproducción de Chicago de 1968 en que la policía golpeó a miles de manifestantes, pero sí fue muy viva y vigorizada con la participación de gente de todas las capas sociales, de todas partes del país, y de dos a 72 años de edad. Había gente de lugares tan lejanos como Florida y Massachussets.

La marcha tenía una vitalidad y un compás propios que marcaron la pauta para un día de marchas briosas y momentos de confrontación... todo eso frente a semanas de amenazas de represión y la formación de un enorme despliegue policial equipado con todo, desde los revólveres y las cachiporras tradicionales a armas de “control de multitudes” de tecnología de punta. Desafió la construcción de un “Guantánamo sobre el río Platte” y las “Jaulas de Libertad” alambradas, donde los manifestantes tendrían la “libertad” de expresar sus opiniones sobre las guerras de Irak y Afganistán, el desarrollo de un estado policial y de espionaje y las demás medidas que el régimen de Bush ha desarrollado con la plena cooperación del Partido Demócrata. Desafió a los propios demócratas y a muchos autodenominados “activistas pro paz” que han tenido la vergüenza de negarse a participar en esas protestas y exhortar a los demás a evitarlas también. Frente a todo eso, los manifestantes iniciaron su marcha con brío y determinación.

La marcha al centro Pepsi

Como a las 11 de la mañana, todos se bajaron de la banqueta y salieron a la calle decididos a marchar una milla directamente al centro Pepsi, donde estaban los delegados de la convención y la prensa. La policía de Denver se había negado a darle un permiso al R68 para marchar hasta ahí. Al contrario, se empecinaba en obligarlos a la fuerza a protestar en la “Jaula de Libertad”, que se había construido para permitir la “libertad de  expresión”. La Jaula estaba a tanta distancia que los delegados no iban a poder ver ni oír las demandas de ¡poner fin a las guerras, la opresión y la tortura, y de devolvernos nuestra constitución!

Sin embargo, los activistas no iban a aceptar ser acorralados a la Jaula. En el camino la marcha creció a más de mil personas. La calle estaba llena de manifestantes de una banqueta a la otra. El ex-combatiente de Vietnam contra la guerra Ron Kovic encabezó la marcha en silla de ruedas y se unió a una gama de coros, de “cerrar Guantánamo” a “retirar las tropas ya”. Los participantes estaban tan vivos y resueltos que no era posible ignorarlos.

Mientras tanto, los policías, vistos anteriormente en nuevos camiones de transporte que los llevan colgados por fuera ya vestidos de combate y con metralletas, y los policletos que cargaban esposas, cachiporras, gas “mace” y armas al cinto, iban siguiendo y rodeando a la marcha. Los manifestantes no les prestaban atención y en ciertos momentos corearon recio y con desafío “5, 4, 3, 2, 1”, y en eso unos cayeron al suelo en un simulacro de muerte; luego los coros empezaron de nuevo: “¡Levántense! ¡Levántense! ¡Porque los pueblos del mundo están mirando!”

El contingente de El Mundo no Puede Esperar fue grande y animado, y su política de desafío y resistencia estaba presente a lo largo de la marcha. El color naranja – el infame color que el gobierno estadounidense impuso a los presos de Guantánamo, y que El Mundo no Puede Esperar ha popularizado como un símbolo impactante y colorido de resistencia al estado que tortura, y de solidaridad con los atacados— se veía por dondequiera. Mantas, carteles y paliacates de color naranja estaban por todos lados.

En un lugar del camino hacia el centro Pepsi, la policía hizo parar al contingente de primera fila de la marcha, para hacerle pasar derecho a la Jaula. Un organizador de R68 le dijo a la policía que, de acuerdo con nuestros derechos de primera enmienda, íbamos a marchar directamente al centro Pepsi.  Después de una conversación, la policía apartó la barricada de azules y nos dejó seguir adelante. Los manifestantes sentían la victoria palpable que acababan de ganar y prosiguieron más determinados que sus voces se escucharan por toda la ciudad.

La calle rebosaba de medios de comunicación, que iban marchando y filmando durante toda la protesta. Mirando para adelante y para atrás, se veían a los activistas que colmaban la calle: unos delegados, identificables por sus insignias y sus botones políticos; anarquistas, activistas pro paz, activistas para el derecho de escoger, ex-soldados, madres, padres e hijos. Era impresionante, y los medios bien lo sabían.

No fue exactamente una recreación de la marcha de Chicago, pero tenía su propio ritmo nuevo y alegre.

Cuando la marcha se paró a las puertas del centro Pepsi, donde las fuerzas represivas esperaban con sus metralletas, Ron Kovic les dijo a los manifestantes que se sentaran para demostrar su desafío decidido al estado policial. Centenares de personas se sentaron justamente frente a las puertas, y la situación se mantuvo así por unos 15 minutos. Kovic dio un discurso entusiasta y los activistas coreaban y gritaban. Los manifestantes se levantaron, pero no se movieron de su lugar frente al centro Pepsi. Demandaron que se les escuchara. El enfrentamiento entre los mil manifestantes y la policía llegó a ser muy tenso, con los dos bandos preparados para cualquier eventualidad.

Después de unos 30 minutos de intensa confrontación cara a cara y gritos de coraje, los delegados, queriendo entrar a la convención, empezaban a mezclarse con los manifestantes; mostraron sus identificaciones, pero la policía no los dejó entrar. Caía el sol a plomo, y de la calle emanaba un calor intenso. Los manifestantes no se rajaron y al final ganaron, pues su presencia se sintió y se hizo saber a los que estaban dentro de la convención, quienes salieron en tropel para tomar fotos, y a los que estaban afuera tratando de entrar.

A paso lento, los manifestantes se fueron en una dirección no permitida, y siguieron marchando hasta regresar al Capitolio.

¡Abbie Hoffman, un activista radical en 1968, hubie